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Sábado, 25 Noviembre 2017
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Si leen a Huerta dirán: “Es mi carnal, es mi cuate y habla como yo”

  • Conseguir que los jóvenes lo conozcan y se reconozcan y digan, "es mi carnal, mi cuate y habla como yo", afirma Mariángeles Comesaña

Pachuca de Soto, Hgo.- “Uno de los más importantes poetas de nuestro tiempo —porque sigue siéndolo—, es Efraín Huerta”, dijo Raúl Moreno Wonchee (sobreviviente del Movimiento Estudiantil del 68), en la conversación casi intimista que sostuvo con los asistentes al homenaje que la UAEH en su 27 edición de la Feria Universitaria del Libro, realizó como parte de los festejos por el centenario del nacimiento celebrado también a lo largo y ancho del país.

La conversación entre Moreno Wonchee, quien fuera editor del suplemento cultural de “El Día” y publicara al poeta guanajuatense en sus páginas, y Mariángeles Comesaña —también poeta y alumna disciplinada del desaparecido autor—, versó principalmente en la gran riqueza de contenido, la osadía en la forma y la llaneza del lenguaje, “capaz de penetrarlo todo con profunda agudeza y decirlo de una manera sencilla, elocuente y emocionante”.

Huerta fue un hombre de su tiempo (nació en Silao, Guanajuato el 18 de junio de 2014 y murió el 3 de febrero de 1982). Ya en la capital del país, se avecindó primero en el primer cuadro de la ciudad, en Paraguay 39, y en su vida adulta en Polanco, “en un departamentito que prácticamente escupía los libros por las ventanas”, contó la discípula del autor del poemario “Los hombres del alba” (su obra cumbre y que rompe con todas las formas poéticas, considerada como su legado principal).
Huerta fue un amante de la ciudad de México —más que de la ciudad, del DF— a grado tal que está presente en gran parte de su obra, agregó Raúl Moreno Wonchee. Fue su llegada a la ciudad lo que potenció su capacidad creadora.
Comesaña también le habló al público de la generosidad de Huerta con los jóvenes de entonces y cómo Moreno Wonchee la presentó y ella, temerosa y temblorosa, presentó sus poemas al juicio del también articulista y cinéfilo, quien le dedicó tiempo y paciencia para enseñarle “la savia de la palabras y las letras”. 
Comesaña leyó el poema dedicado a esas personas que se levantan de madrugada y caminan en las horas cuando aún no amanece, con el peso del país sobre sus hombros: los trabajadores, obreros y campesinos. De “Los hombres del alba” se ha dicho que “acopia y manifiesta toda la destreza poética adquirida de morar la ciudad; en ese poemario se afinan y se perfeccionan los temas del amor y la solidaridad”, apuntaron citando a David Huerta, el hijo.
Recodaron el apasionamiento, el ardor con abrazaba su ideología como algo a lo que se le profesa la vida. Así, por ejemplo, jovencito apenas, Huerta escribe un poema apologético de Álvaro Obregón. En este tiempo que también se conmemora el centenario de los Tratados de Teoloyucan (cuando Obregón y otros reducen al ejército del usurpador de Victoriano Huerta, el 13 de agosto de 1914 y surge una nueva posibilidad política y militar), el poema revela la esperanza y la alegría de ver surgir un nuevo México tras el fragor revolucionario y sus facciones. 
Más tarde se hace miembro del Partido Comunista, no sin antes decursar su iniciación en la Federación Estudiantil Universitaria y en 1935 se hace amigo y admirador de José Revueltas, quien acababa de regresar de la URSS. Ambos escritores fueron comunistas hasta su muerte y, a su vez, discípulos políticos y literarios de Pablo Neruda.
Amigo y contemporáneo de Octavio Paz —quien fuera testigo de su boda en el año 41—, fundaron junto a Rafael Solana la revista “Taller”, que da nombre a los poetas y escritores de su generación. Como cinéfilo y periodista, Huerta colaboró en la fundación de la asociación Periodistas Cinematográficos de México (PECIME).
Revalorado en los años sesenta, gracias al siempre perspicaz editor Joaquín Díez –Cañedo, que en la editorial Joaquín Mortiz difundió la obra el poeta quien ha llegado a ser uno de los más leídos y queridos de México.
Cuando Comesaña le preguntó qué se necesitaba para ser poeta, él le contestó en aquellos años: “Estar triste”, y, relató la comentadora, “era increíble que dijera eso el autor de los Poemínimos, tan plenos de gracia, tan humorísticos y agudos”. 
Finalmente, al mirar el salón lleno de jóvenes, la también responsable de difusión cultural de la Facultad de Economía de la UNAM, Mariángeles Comesaña, les dijo: “Lean a este poeta, a Huerta y a Paz, y a esos escritores, como Revueltas que construyeron la sensibilidad de México. Si leen a Huerta dirán: “Es mi carnal, es mi cuate y habla como yo”. 

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