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El mal hábito de descargar la frustración en los demás

El mal hábito de descargar la frustración en los demás

Rincón de la Psicología

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Posted: 08 Nov 2019 01:00 AM PST

Desde el empleado que nos atiende hasta el taxista que nos lleva hasta nuestro destino, pasando por los vecinos, amigos o familiares, no es necesario tener una relación cercana con alguien para que descargue su frustración sobre nosotros, pero tener un vínculo afectivo tampoco nos salva de convertirnos en una especie de saco de boxeo. El mal hábito de descargar la frustración sobre los demás está muy extendido y solo genera más crispación.

 

La baja tolerancia a la frustración

La frustración es una emoción difícil de gestionar. Nos sentimos frustrados cuando el mundo no va según lo que habíamos previsto, cuando nuestras expectativas no se cumplen, nuestros planes se malogran o no podemos alcanzar lo que queríamos.

Todos podemos sentirnos frustrados en algún momento. Es una reacción normal. Sin embargo, hay personas que tienen una baja tolerancia a la frustración. Eso significa que cualquier mínimo problema o contratiempo se convierte en un muro infranqueable que les genera malestar.

Estas personas no toleran bien la incomodidad y las dificultades que normalmente surgen a lo largo del camino ni soportan los retrasos en la satisfacción de sus deseos. Como resultado, suelen experimentar más estrés, ansiedad, ira y resentimiento que quienes saben tolerar y gestionar la frustración.

La baja tolerancia a la frustración suele ser el resultado de creencias irracionales, como pensar que todo debe ir según nuestros planes, que los demás siempre deben actuar de manera amable y considerada o que el mundo debe seguir nuestra concepción de la justicia. Cuando esos presupuestos no se cumplen, nos sentimos frustrados.

También se basa en la incapacidad para postergar las recompensas. Las personas que quieren obtener todo lo más rápido posible no han desarrollado los mecanismos psicológicos que le permiten lidiar con los inconvenientes y retrasos, por lo que cuando estos aparecen se sienten muy contrariadas.

Descargar la frustración en los otros

En 2015, psicólogos del Instituto de Ciencias Sociales de Leibniz realizaron un experimento muy interesante: reclutaron a un grupo de personas que se involucraron en un juego online, previamente manipulado para que unos perdieran y otros ganaran, independientemente de sus esfuerzos.

Cuando terminó el juego, les dijeron que podían volver a competir con otras personas. Cada vez que su contrincante perdiera, podían castigarle aplicando ruido. Los investigadores descubrieron que quienes habían perdido, cuando tenían la oportunidad de castigar a alguien, elegían hacerlo usando volúmenes muy altos, a diferencia de quienes habían ganado, que elegían los volúmenes más bajos. También apreciaron que cuanto mayor era la frustración y los sentimientos negativos que experimentaban los perdedores, más volumen usaban para el castigo.

Este estudio nos demuestra que muchas personas no saben lidiar con la frustración y se apresuran a descargarla en los demás. De hecho, a menudo ni siquiera son conscientes de que se sienten frustradas. Estas personas suelen carecer de granularidad emocional; es decir, saben que se sienten mal, pero no saben exactamente por qué.

La frustración les inunda y no saben cómo gestionarla. De esa manera, al fracaso o al contratiempo se le suma una sensación de irritabilidad y hostilidad. De hecho, estas personas, al tener un locus de control externo, suelen culpar a los demás de sus problemas y desgracias, por lo que su primera reacción cuando se sienten frustradas es buscar un culpable.

Así terminan descargando su frustración en los demás, sea quien sea, el primero que pase o aquel que esté a mano. Generalmente lo hacen de manera inconsciente, porque su obcecación les impide reaccionar de otra manera. Pero otras veces lo hacen con alevosía, simplemente porque quieren que los demás también prueben una dosis del malestar que ellos están experimentando.

¿Cómo descargar la frustración positivamente?

A veces la frustración surge de nuestro deseo de controlar las cosas, por lo que es importante aprender a fluir y estar dispuestos a abrazar el cambio, ya que es la única constante en la vida. Necesitamos prepararnos para la incertidumbre y ser conscientes de que las cosas, por más que las planeemos, no siempre saldrán como esperamos. Se trata de prepararnos para lo peor de la mejor manera.

Cuando nos sintamos frustrados, necesitamos mirar la situación desde otra perspectiva. Pensemos por un momento en una persona que busca trabajo y le ofrecen un sueldo de 20 000 euros anuales. Si esa persona esperaba cobrar 30 000 euros se sentirá frustrada y decepcionada, si esperaba cobrar 15 000 euros se sentirá eufórica y si esperaba ganar 20 000 euros se quedará conforme. La situación es la misma. Pero las emociones que ha generado son diferentes. Lo que ha cambiado son las expectativas de esa persona. Eso significa que cuando la frustración nos invada debemos preguntarnos cómo nuestras expectativas están contribuyendo a acrecentar el malestar.

Por otra parte, el hecho de que surjan obstáculos no siempre significa que debamos cambiar nuestra meta, sino tan solo el camino para llegar a ella. Desarrollar un pensamiento flexible nos ayudará a mejorar nuestra tolerancia a la frustración porque seremos capaces de buscar vías alternativas para alcanzar nuestros objetivos o incluso cambiar esas metas, si es necesario.

Por último, para descargar la frustración de manera positiva, podemos implicarnos en actividades más productivas, redirigiendo esa energía en tareas que nos permitan alcanzar nuestros objetivos. Debemos recordar que un contratiempo puede ser visto como un obstáculo o como una motivación que nos anime a redoblar nuestros esfuerzos. Depende de nosotros.

 

Fuente:

Breuer, J., Scharkow, M., & Quandt, T. (2015) Sore losers? A reexamination of the frustration–aggression hypothesis for colocated video game play. Psychology of Popular Media Culture; 4(2): 126-137.

La entrada El mal hábito de descargar la frustración en los demás se publicó primero en Rincón de la Psicología.

 

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