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Viernes, 26 Mayo 2017
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Cada gota de petróleo vale una gota de sangre humana

Hugo L. del Río

Estados Unidos volverá a tener presencia militar en Irak dentro de pocos días. Cuando las tropas norteamericanas y de otras nacionalidades abandonaron aquella nación musulmana, el Presidente Barack Obama declaró, muy serio: “Irak es un país soberano, estable y capaz de valerse por sí mismo”. Lamentablemente para los iraquíes, la verdad está a una distancia cósmica del optimismo del mandatario estadunidense.

 

Al terminar la Gran Guerra del catorce, Gran Bretaña y Francia se repartieron lo que quedó del imperio turco. Londres y París hicieron la faena de acuerdo con sus intereses: crearon en estos países milenarios instituciones tan débiles que a una guerra civil se sucedía otra. Esos pueblos son antiguos, pero los Estados, jóvenes y políticamente anémicos, tenían que implorar la intervención de los ejércitos europeos para imponer una frágil paz, tan feble que hasta el más moderado de los generales sentía la irresistible tentación de dar el cuartelazo. En los últimos años la crisis crónica se agravó: las potencias hicieron un coctel mortal con el petróleo, la geopolítica y el fanatismo religioso. En Bagdad, el gobierno de Nuri al-Maliki está pagando años de persecución contra la secta de los suníes, tan musulmanes como sus enemigos, los chiíes: las diferentes interpretaciones del Corán hacen correr ríos de sangre y estas dos corrientes del Islam se declararon mutuamente la Yihad, o sea la guerra santa. Pero eso es lo de menos. Lo de más: el Ejército Islámico de Irak y El Levante, EIIL(suní), tan brutal que Al-Qaeda se disoció de él, se levantó en armas contra el gobierno de Bagdad; ya ocupó Mosul, la segunda ciudad en importancia, y ayer estaba a menos de ochenta kilómetros de Bagdad. Las tropas de al-Maliki huyen sin presentar combate, lo cual obliga al Presidente iraquí a pedir la ayuda de los kurdos –pueblo sin patria, esparcido entre Irak, Turquía, Siria e Irán--. Cincuenta mil kurdos se desplegaron para defender no a Bagdad, sino a Erbil, su ciudad santa en Irak, y adueñarse de la región petrolera de Kirkuk. A río revuelto y todo eso. En la Unión Americana, la élite del poder considera que la tormenta amenaza sus intereses. Bajo presión, el Presidente Obama prometió no enviar tropas de tierra: sólo le queda la opción de los bombardeos aéreos. Pero las guerras no se ganan desde el aire: es relativamente reciente la experiencia de Viet Nam. Así las cosas, lo más probable es que más temprano que tarde el Pentágono hará regresar a Irak a sus boys y girls. La guerra es el mejor de los negocios. En el interín, los precios del petróleo están subiendo, aunque de forma moderada: el Brent tuvo una alza del 0.25 por ciento y ayer se cotizaba a 113.32 dólares el barril. El West Texas Intermediate tuvo un aumento del 0.1 por ciento y se vendió a 106 USD. Irak apenas produce tres millones 300 mil barriles al día, en comparación con seis millones antes de la conflagración. Pero bajo las arenas del desierto está localizado un mar océano del oro negro. Y, como dijo Clemenceau en 1916, “cada gota de petróleo vale una gota de sangre humana”.  PIE DE PÁGINA: la violencia sigue siendo nuestra compañera cotidiana, digan lo que digan los voceros oficiales. La balacera –en Morones Prieto y Guanajuato, Independencia-- contra una funeraria y autos estacionados frente a su fachada, confirma que los sicarios todavía son dueños de Monterrey. ¿Y Fuerza Civil? La policía de lujo todavía está aprendiendo a manejar

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Modificado por última vez enViernes, 13 Junio 2014 20:30
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