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Lunes, 29 Mayo 2017
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Historias de faldas

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POR LA ESPIRAL

Claudia Luna Palencia

@claudialunapale

Ser mujer en un mundo de hombres, en una sociedad regida además por leyes hechas por varones en las que los propios canales de acceso a los puestos de poder sean públicos o privados están bastante restringidos. 

 

En España, hace tiempo el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, habló de un Gobierno paritario y entonces se establecieron determinadas cuotas, unos cuantos cupos para abrir el grifo a que más mujeres figurasen en determinados puestos de representación política. 

Oh sí y su determinación recibió una andanada de críticas sobre todo provenientes de otros sectores feministas (últimamente no se sabe muy bien qué es exactamente lo que quieren las feministas además de ponerse los guantes de box).

Sobre todo porque se esgrimió aquello de “dejarlas llegar por sus propios méritos” como si no fuera suficiente todo lo que hiciéramos”. No sólo vivimos en un mundo en el que trabajamos más y se nos paga menos sino que además el grado de exposición del género femenino es elevadísimo.

Hace un par de meses atrás en el seminario de Women Insights, Ángel Expósito, colega que trabaja para ABC recordaba que  “son las mujeres y las niñas las que más sufren los conflictos”. 

Justo en dicho seminario al que asisten como conferenciantes diversas mujeres que han destacado en su profesión, la mayoría refirieron aquello de que “debe existir un infierno para las mujeres que no apoyan a otras mujeres” al tiempo que relataban el intríngulis de ser madre, esposa, profesionista y ama de casa. 

Curiosamente me ha llamado la atención que, hasta la fecha, ninguna de las ponentes ha mencionado siquiera una sola línea al respecto del acoso laboral, de los toqueteos, las insinuaciones y la persecución a la que muchas terminan sometidas y vencidas para poder escalar. Ni mencionarlo es un tema tabú. 

Ser mujer en un mundo de hombres, uno que necesariamente debería ir a la búsqueda de equilibrios en todos los ámbitos primordialmente el de la conciliación familiar y el ingreso laboral. Ya se ha demostrado en diversos estudios que los varones pueden llegar a estar mejor pagados hasta un 40% más respecto de una trabajadora desempeñando el mismo puesto. 

A COLACIÓN

En lo personal me consterna que podemos avanzar en descubrimientos  científicos, productivos y tecnológicos y en otros renglones seguimos siendo retrógradas. En esencia a lo que constriñe a las relaciones humanas y sociales. 

En mi opinión hablar de esclavitud sexual en pleno amanecer del siglo XXI es anacrónico, de alguna forma debe parar, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Convención de los Derechos Humanos necesitan una reactualización urgente. 

La actual y cruenta guerra de Siria sigue desnudando el rostro más aberrante de la destrucción del ser humano perpetrada hacia otro ser humano con niñas y mujeres raptadas por el Estado Islámico utilizadas como mercancías vendidas al mejor postor en mercados de carne humana. 

            Hay que buscar luces largas y cortas en medio de tan dolorosa realidad. Hace unos días atrás, Nadia Murad y Lamiya Aji Bashar, recibieron en la Eurocámara el Premio Sájarov uno de los más prestigiosos en derechos humanos. 

            Ambas jóvenes fueron esclavas sexuales del Estado Islámico, por azares del destino lograron escapar ayudadas por diversas organizaciones no gubernamentales y gracias a ello han logrado difundir a la comunidad internacional las penurias, vejaciones y torturas a la que está sometido el género femenino bajo la aplicación de la Sharia más rancia.

            Si nos dejamos de hipocresías no es nada que no sepamos, nada que ignoremos, nada que no imaginemos; si en una cotidianidad sin guerra en cualquiera de nuestros países más civilizados fluyen noticias relacionadas con la violencia sexual. ¡Ahora en conflicto!

            En España, en plena Pamplonada, un grupo de chicos sevillanos abusó de una chica o bien en México está el caso de los Porkys; cada día, hora, minuto y segundo hay una  niña o mujer violentada. 

            Desde luego yo creo que no lograremos una sociedad más justa si antes no le quitamos la etiqueta de COSA a la mujer, sino logramos romper el molde de verla como un instrumento sensual y sexual. No sé si es cuestión de cambiar el chip en la educación y además recrudecer los años de cárcel, pero  en definitiva algo hay que hacer y pronto.

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"Si no puede, sepárese del cargo", Rocío Nahle a Coldwell

Lunes, 29 Mayo 2017
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