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ENTRESEMANA

MOISÉS SÁNCHEZ LIMÓN

Esta familia de la que formamos parte los periodistas, los reporteros, comunicadores por vocación e incorporación algunos y bienvenidos los profesionales, grupo plural y sensible, harto sensible como condición básica para sentir, vibrar y asumirse, incluso, parte de la nota porque, la máxima lo dicta en lección: nunca se debe perder la capacidad de asombro.

 

Hoy transitamos más allá y somos la nota porque cuando se atenta contra uno de los nuestros, un hijo de esta enorme y contrastante familia de periodistas, se atenta contra todos. Y cuando se protesta en la calle, por encima de quienes pretenden cuestionar ausencias y reprochan que no están todos los que ejercemos este oficio, protestamos todos desde nuestros espacios, en la redacción y en el desempeño de nuestra tarea.

Con alguna frecuencia, cuando hablo de los nuestros y escribo de los nuestros, de nuestros hermanos que se han ido, refiero una tesis: De los periodistas, los reporteros, sólo se habla cuando mueren como parte de la tragedia, de la aberrante mecánica del uso del poder y no necesariamente el político.

De nosotros, incluso, suele hacerse leña del árbol caído en esos espacios donde se aplica la indolente referencia del “se lo merecía”, o la criminal acotación de “algo habrá hecho”, y se esquiva la solidaridad social mas no la gremial, porque cuando sabemos que uno de los nuestros, un hermano de esta, insisto, plural familia, ha caído antes de ir por la nota nos solidarizamos entre nosotros y sus deudos.

Por supuesto, esta cadena de atentados contra periodistas llegó al hartazgo y la indignación con la muerte del colega sinaloense Javier Valdez Cárdenas, a la que siguió el atentado contra Sonia Córdova, subdirectora del semanario El Costeño, que se edita en Autlán, Jalisco, y su hijo que tenía funciones de reportero y perdió la vida.

¿Qué hacer? El poder público se reunió en la residencia oficial de Los Pinos para atender más que la emergencia que implica atentar contra los periodistas y, por tanto, la libertad de expresión, la demanda de garantías para ejercer el oficio de comunicar e informar.

Y, mire usted, la verdad es que sobran las lamentaciones y no porque sean de quienes suelen cuestionar y descalificar a los periodistas cuando lo que publicamos y comentamos, decimos y divulgamos en los diversos medios de comunicación les afecta e incomoda.

¿Qué hacer? Los mecanismos legales existen, las fiscalías especializadas tienen toda una estructura burocrática para atender los asuntos relacionados con atentados contra periodistas y la libertad de expresión. Igual una burocracia acompaña en el Poder Legislativo a los diputados y senadores que integran comisiones supuestamente responsables de atender agresiones contra periodistas, pero sólo aparecen con pronunciamientos de lamento público, tarea enunciativa que en nada ayuda al caso.

A los reporteros, sólo nos vienen a ver el día que se requiere de nuestro oficio y pocos cuando uno de los nuestros fallece.

Y no, no es reproche. Sabemos cuál es nuestra función y demandamos garantías para nuestro desempeño.

En esta familia periodística hay de todo pero, margen aparte de los díscolos que no aceptan la crítica ni saben reconocer el éxito ajeno, la inmensa mayoría somos solidarios e incluso hasta cursis y sentimentales como en el chat de los colegas de la ANPERT y de SOLO NOTICIAS o NOTICIAS y de los compañeros de la fuente de la Cámara de Diputados, donde además de compartir información sin condiciones, se comparten chistes, bromas y otros etcéteras.

¿Qué hacer para tener la garantía de que nadie nos meterá un plomazo porque le resultamos incómodos? Simplemente que se respete la ley y ésta entraña el respeto a nuestras garantías en el desempeño del oficio del periodismo.

Porque podrán crearse comisiones y fiscalías y enmendarse leyes en las que se instalen mecanismos de castigo mas no de previsión, pero nosotros, los integrantes de esta familia de periodistas mexicanos, de todos los tamaños y de todos los lugares continuaremos en la trinchera de la información.

¿Se condolerán los delincuentes organizados y los pillastres que nos desean la mala racha y el exilio? Cuestión de la condición humana. Nosotros hasta siempre en nuestro oficio. Una oración para los que se han ido y la buenaventura para los que aquí seguimos. Para qué más burocracia que no nos defenderá. Simplemente respeto, señora y señores. Digo.

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