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La Gendarmería del Vaticano expulsa a los ‘sintecho’ que dormían en la columnata de San Pedro

La Gendarmería del Vaticano expulsa a los ‘sintecho’ que dormían en la columnata de San Pedro

Carlos Esteban

INFOVATICANA 
 

La operación para ‘limpiar’ la columnata de la Plaza de San Pedro de mendigos y vagabundos ha coincidido con las palabras del Papa en la misa de Santa Marta pidiendo que nos acerquemos a los pobres “aunque apesten”.

 

Que lo que haga tu mano derecha no lo sepa tu mano izquierda es, naturalmente, un excelente consejo evangélico, pero, mal entendido, puede tener consecuencias poco vistosas. Es lo que ha sucedido en la Ciudad del Vaticano, que la operación para ‘limpiar’ la columnata de la Plaza de San Pedro de mendigos y vagabundos por parte de la policía ha coincidido con las palabras de Su Santidad pidiendo que nos acerquemos a los pobres “aunque apesten”.  

Bueno, la policía ciertamente se ha acercado a ellos, pero nos tememos que no sea exactamente a eso a lo que se refería Francisco.

Ayer se lo preguntaba en Santa Marta: “Ante el necesitado, ¿somos capaces de verdadera compasión”. No basta, añadí el Papa, con ayudarle “desde lejos” porque hiede, sino que hay que acercarse a él.

Mientras, hacia las seis, la Gendarmería -los hombres del Papa, aunque en principio sería una labor que corresponde a la policía italiana- iniciaban una operación largamente prevista hacia las 6 para expulsar -¿podría hablarse de ‘deshauciar’, tratándose del único refugio que conocen?- a las decenas de indigentes que han hecho de las columnas de Bernini su hogar cuasi permanente. 

La compasión, decía a pocos metros el Papa, es la respuesta justa a las tragedias de nuestro tiempo, un “sentimiento que remueve, un sentimiento del corazón, de las vísceras, que remueve todo”.

Más que removidos, han quedado perplejos por esta operación estrictamente vaticana los sintecho, a quienes ha atraído el propio Francisco, que ha hecho instalar para ellos letrinas y duchas, e incluso un servicio de peluquería.

Es necesario, ha añadido el Papa, “acercarse y tocar la realidad. Tocar. No mirarla de lejos”.
Pocas horas antes, si no simultáneamente, sus gendarme seguían literalmente sus palabras “acercándose” a la realidad de los mendigos y, muy probablemente, “tocándola”.

A un tiro de piedra, insistía Su Santidad en que debemos hacer lo mismo que Cristo, acercarnos al que sufre, “no ayudarlo desde lejos porque quizá está sucio, no se ducha, hiede”.

Como sin duda debía apestar entre las hermosas columnas después de que un sintecho defecara y orinara entre ellas a plena luz del día mientras un romano grababa el desahogo con su móvil y lo subía a las redes en un vídeo que pronto dio la vuelta al mundo y que probablemente esté tras la operación limpieza de la Gendarmería.

“Cuando veo estas cosas, que me las traen a casa a través de los medios, ¿se conmueven mis vísceras?”, exclamaba Su Santidad no lejos de donde al citado mendigo se le habían removido las vísceras en un sentido harto diferente. Y concluía el Pontífice haciendo votos por que ayudemos a la gente que sufre para restituirlos a la sociedad, a la “vida de familia”, en suma, “a la vida cotidiana”.

Y si no “restituirles a la sociedad”, al menos alejar a los indigentes de la zona es el objetivo de la operación iniciada por la Gendarmería que se retomará con nuevas acciones hoy miércoles. La perplejidad de los afectados se debe a que si están allí es precisamente porque el Papa insistió en que se abrieran las puertas de la columnata pese a los riesgos de seguridad.

Lo que pedantemente suele llamarse ‘opción preferencial por los pobres’ no es algo inventado anteayer por la malhadada ‘Teología de la Liberación’, sino una consecuencia evidente del Evangelio y un práctica que se ha mantenido constante -con sus tropiezos- a lo largo de toda la Historia de la Iglesia.

Pero si hay un aspecto de la doctrina donde sea tentadora la demagogia es precisamente este de la compasión hacia los más necesitados, que ocupa a decenas de miles de voluntarios católicos en el mundo. El mundo -en el sentido teológico- ha hecho de esta doctrina, pervertida en mera ‘empatía’, excusa para regímenes que han amado tanto a los pobres que los han multiplicado hasta el extremo, y aun hoy es más usada como instrumento del debate político que como preocupación real.

Parte de esa preocupación ha degenerado en un ‘miserabilismo’ descerebrado que deifica al pobre en lugar de ayudar a que deje de serlo, y la consecuencia es, no pocas veces, algo parecido al espectáculo de un individuo haciendo sus necesidades sin pudor ni consideración sobre uno de los tesoros del arte cristiano.

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Lunes, 18 Junio 2018
10:11:16