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Miércoles, 24 Julio 2019
04:26:51

Apasionados por la comunicación… sin censura

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Segunda Parte: Miguel Ángel Velázquez

Glen Rodrigo Magaña

Segunda parte de este serial dedicado a los Apasionados por la comunicación, en el que conoceremos al periodista en todo terreno, desde sus primeros años dentro de su fugaz paso en la revista fundada por su padre, sus primeras entrevistas en Pórtico de América, así como en la Revista Tiempo, sus notas que develaban los inicios del neoliberalismo en su paso como reportero de El Universal, el gran reportaje que junto a sus compañeros del unomásuno realizan sobre la pobreza en México, cubrir a los refugiados guatemaltecos en Chiapas en los años ochenta, su paso por el Canal 11, el corresponsal de guerra que hacia periodismo con el miedo necesario para narrar los acontecimientos de la llamada “Madre de todas las batallas” en el Golfo Pérsico, la fundación del periódico La Jornada, el periodista constituyente de la Ciudad de México y otras pasiones que rodean la trayectoria de Miguel Ángel Velázquez.

 

Si de pasión se trata, Miguel Ángel Velázquez es una de las figuras dentro del periodismo que brilla por su talento, por muchos años he admirado su trabajo, ese arrojo informativo que a mi mente refleja la imagen de Hemingway en la guerra civil española, donde los bombardeos solo pueden ser acallados dando la nota.

El hombre que forja su carrera profesional desde una postura firme y constante de izquierda, como él dijera: “ojo, la izquierda que busca la justicia”, esa oposición que denuncia las abominaciones del poder. En su labor, vivió a los de abajo, gente sometida a punta de fusil, describió esa mirada de quien va a ser asesinado, expresó lo doloroso que es el peso de la muerte de inocentes, el periodista que antepone antes que cualquier otra cosa, su oficio, quien no busca ni privilegios o reconocimientos, solo tener la inmensa fortuna de informar.

Desde ahí, es donde practica el periodismo el editor de la sección Capital de La Jornada, periódico del cual forma parte desde su fundación; un enamorado del sentimental bolero;  amante de la literatura: así como de esta gran Ciudad de México, a la cual nos comenta, le debe mucho. Pero mejor vayamos con la entrevista que le realizamos.

 

Homo Espacios (HE).- Me gustaría empezar con la parte de tus primeros años ¿cómo fue que te encuentras con el periodismo a través de esta herencia de tu papá?

Miguel Ángel Velázquez (MAV).- “Mi padre era médico, pero era un tipo que estaba enamorado de la libre expresión, él entendía que poder expresarse en algún medio era tan importante como las operaciones que hacía, con esta cuestión de ir salvando vidas y consideraba la forma de salvar vidas, una operación que se hacía a la sociedad para tratar de encontrar realidades que muchas veces están escondidas y que no se ven, que no se quieren ver, yo creo que ese apasionamiento de él por esta idea de decir, me hizo plantearme muy chavo que por ahí podía ser mi camino. Entonces él fundó una revista muy fugaz en donde yo empecé a tratar de escribir, pero fue eso, un paso fugaz”.

 

HE.- ¿Qué edad tenías?

MAV.- “Estaba yo despuntando los veinte años, 23 o 24. El caso es que esto me llevó a caer en una de las muchísimas trampas que se dan en esto, que suceden aquí. Fui a parar a una empresa editorial que entonces se llamaba ‘Pórtico de América’, era una empresa que lo que ofertaba era un anuario que se llamaba ‘Pórtico de América’, en el que las entrevistas que se hacían, se vendían. Sí, tú ibas a ver a un político, a un personaje y le vendías la entrevista, la entrevista que va a salir en un anuario -que quien sabe si vas a ver-, pero ya habías vendido la entrevista.

“De pronto alguien dijo que la ‘Revista Tiempo’, dirigida entonces por Martín Luis Guzmán, de esto sí tengo fecha, en 1975, buscaba reporteros y fuimos un grupo de los que habíamos tratado de hacer periodismo en ‘Pórtico de América’, obviamente nunca hicimos periodismo, pero era un poco como ‘pisar tierra’, entonces fui a la ‘Revista Tiempo’ y pedí el trabajo. Había un hombre, un periodista fuera de serie, increíble, que se llamaba Ovidio Gondi, hijo de un senador republicano español, asturiano, estaba exiliado a México, pero que había vivido en Nueva York mucho tiempo, él hizo un libro que se llamaba ‘Las batallas de papel en la casa de cristal’, era un libro más que nada en el que podías consultar, abrirlo era como abrir la ONU, él había sido corresponsal en la ONU y se dedicó a estudiar la ONU y de pronto te decía que la ONU tenía no sé cuántos miles de ventanas en el edificio de la ONU y tenía no sé cuántas sillas, era un tipo extraordinario como periodista y sabio, con él empecé a trabajar realmente. No fue fácil, entré prácticamente sin cobrar, a aprender, pero ahí empecé a hacer periodismo.

“Martín Luis Guzmán, el gran Martín, el hombre del ‘Águila y la Serpiente’ y de la ‘Sombra del Caudillo’, este hombre me dio a mí la oportunidad, pero de él aprendí poco, había poco contacto con el periodista, con el literato, era un hombre muy aislado, pero estaba Ovidio y él era el alma de la ‘Revista Tiempo’. Ahí empecé, hasta 1977 cuando ya no soporté. Martín Luis Guzmán era un tipo difícil que había armado protocolos muy difíciles de romper en la revista, entonces por ejemplo, los reporteros trabajábamos la información pero no podíamos firmar nuestra información, era absolutamente anónimo, no importaba quién o qué tan bueno eras como periodista, lo que importaba era quien llevaba la publicidad y el que llevaba la publicidad cobraba un salario y una comisión, y los que hacíamos periodismo cobrábamos muy, muy, muy poco.

“Hubo un momento en el que supuse que ya podía empezar a trabajar en otro lado, que había aprendido lo suficiente para defenderme ya en el mundo del periodismo real, más bien en el periodismo diario y entonces fui a hacer una prueba como reportero suplente a ‘El Universal’ y empecé a trabajar en febrero de 1977. Ahí duré más o menos nueve meses y me invitaron entonces a fundar ‘unomásuno’ y luego de ahí, ya creo, ya como reportero hecho, aún no periodista quizá, pero como reportero hecho empecé a navegar por estas aguas del periodismo que pues ha sido mi vida, ha sido mi pasión, que tiene que ver con mi manera de pensar, con mi formación, con mi formación política y con mi logro, que es mi mundo propio, es la que sigo, la quiero, la mantengo, y sí es mi pasión, todavía”.

HE.- Sé que has hecho un gran trabajo, han sido muchísimas las entrevistas y reportajes pero ¿cuál crees que fue la que te ayudó a despuntar dentro de tu carrera profesional, hubo alguna entrevista que te ayudara, algún reportaje?

MAV.- “El problema de las entrevistas terminan siendo anécdotas, difícilmente trascienden, son cuestiones del momento. Yo no he hecho o he hecho muy pocas, no recuerdo cuántas entrevistas de perfil que te permitan decir quién es el hombre o la mujer entrevistados y que eso quede ahí como una verdad durante mucho tiempo de lo que te han dicho, lo que te platican y lo que tú tienes, es eso, el perfil, la idea, entonces terminan las entrevistas yo creo un poco siendo eso, un poco la anécdota, un poco el momento y difícilmente trascienden. Desde luego hay anécdotas que trascienden, pero que te digo, no son así como el orgullo del periodista.

“A mí desde luego descubrir los refugiados guatemaltecos en Chiapas fue importantísimo, marcó mi vida de muchas maneras. Yo empecé, mi primera firma en El Universal con un reportaje en el que había conjuntado las ideas y las opiniones, las plataformas políticas de los partidos de izquierda y el planteamiento de reportaje era que México en aquel momento quería despuntar al neoliberalismo, quería despertar a este túnel negro en donde nos metimos y no hemos podido salir, planteaba la necesidad de hacer un gran partido de izquierda, un partido que conjuntara todas las ideas, pero que planteara un solo fin, esa fue mi primera firma en ‘El Universal’ y cuando, tenemos que platicar de la trascendencia de la información, lo que nadie creyera.

“Alguna vez cubriendo precisamente para ‘El Universal, se me mandó como suplente a cubrir Presidencia, cuando el presidente estaba de gira, yo la cubría aquí en México, entonces prácticamente no había que hacer. Entonces yo necesitaba significarme, necesitaba sentirme reportero, necesitaba sentir que lo que me estaban pagando tenía un fin, entonces fui a la Presidencia a buscarlo y a tocar puertas, prácticamente no había nadie y llegué a una puerta que decía Subsecretaría de Planeación, sin saber quién era el titular, en este caso, la titular, ni sabía exactamente para qué servía la oficina, para hacer una entrevista. No era sorpresa porque yo no sabía quién era, debo confesarlo, pero sí me sentí terriblemente halagado de ver frente a mí a la subsecretaria y que me permitió la entrevista, Rosa Luz Alegría.

Quizá en el momento en que intelectual y físicamente la mujer estaba plena. Platicamos, más que una entrevista fue una buena plática que empezó con mi ignorancia, le dije: ‘¿Para qué sirve esto, de qué se trata esto?’, la tipa sonrió mientras se comía una tuna verde y una mujer le hacía una trenza y me dijo: ‘Bueno, entre otras cosas para cambiar esto, vamos a cambiar a México, vamos a unir fuerzas’. Le dije ‘¿por qué?’ y respondió, ‘porque tiene que venderse la industria paraestatal’, dijo que la industria paraestatal ya no le servía a este país, que tenía que empezar a funcionar la empresa privada y que ya no era posible seguir con los subsidios, que ya no era posible seguir haciéndole la vida pesada a la iniciativa privada. Una entrevista que duró un buen rato y esa entrevista dibujó sin que nadie se diera cuenta”.

“Fíjate que cuando llegué a la redacción, Manuel Mejido que entonces era subdirector en ‘El Universal’ me dijo: ¿que traes?, le dije ‘ésta entrevista de Rosa Luz Alegría’ y dice esto. Me dijo, ‘eso no es cierto, usted entendió mal, eso no puede ser cierto’, él era un periodista con toda la barba, un periodista que venía de ‘’Excélsior, venía de haber sido el único periodista que pudo sacar información de Chile en el golpe de estado, un hombre con capacidades extraordinarias como reportero, me decía: ‘no lo creo’.

“Alguien me había regalado entonces una grabadora de casete, desde luego, de esas grabadoras pequeñitas, digamos ahora, es una grabadora grande, y tenía un casete que duraba quince minutos por lado, yo tenía dos casetes (porque no había en México todavía esas grabadoras), entonces grabé la entrevista y cuando me dijo ‘no es cierto’, le dije: ‘la tengo grabada’, me dijo: ‘tampoco es cierto’. Le mostré la grabadora y cuando escuchó la grabación Manuel Mejido empezó a sudar, fue hasta donde estaba mi máquina, se sentó frente a mi máquina, me puso a su lado y me dijo: ‘dícteme la nota como usted cree que debe ser’, yo empecé a dictarle lo que yo creía, he de confesarlo, sin mirar la trascendencia de lo que me estaba diciendo, ni siquiera me lo imaginaba, y esto era ya el inicio del neoliberalismo, el consenso de Washington, la idea de se acabó el estado benefactor y ella era la amante del señor Presidente, es decir, era la mujer que entre sábanas decidía lo que iba a pasar en el país, esto no me acuerdo en qué mes fue, pero te repito, yo duré solamente de febrero a septiembre, me parece, en ‘El Universal’.

“Mi primera nota en ‘unomásuno’, fue una entrevista del Secretario que entonces era del Patrimonio Nacional, que era nada más y nada menos que José Andrés de Oteyza, exdirector de OHL México, empresa trasnacional. En la entrevista me dijo: ‘hoy empezamos la venta de las paraestatales con la venta de los productores de azúcar, toda la industria azucarera se vende a la iniciativa privada’, creo que no se vio hacia donde, para diversas cosas, pero es una entrevista que marcó toda una vida, que marca la vida de este país, si nos hubiésemos dado cuenta que estaba diciendo Rosa Luz y qué empezó a hacer José Andrés de Oteyza, sobre todo desde la izquierda, hubiéramos tratado de hacer algo más contundente, algo que tratara de impedir, no nos avasallaran como lo han hecho hasta ahorita.

“Entonces creo que esa entrevista es muy importante y creo que, como noticia, como reportaje, el descubrimiento de los guatemaltecos, la migración guatemalteca en 1982, creo, son las cosas que a mí en lo particular me han llenado. Estuve viviendo en algún momento con la guerrilla guatemalteca, estuve en la Guerra del Golfo, estuve en la guerrilla de El Salvador, en fin, han sido muchas las cosas. Sin embargo yo creo que esto al tiempo, con el tiempo, ha tenido un peso que no ha tenido en el resto del trabajo. Esto tiene para mí una importancia fundamental, aunque no haya sido aquilatado en todo lo que yo creo que debería haber sido y no por mí, sino por todo lo que estaban diciendo los entrevistados.

“En el caso de Guatemala, es un caso que ahí está, es una guerra que no ha terminado por más que se haya pretendido, es un proyecto que tampoco ha terminado, pero ahí está, ahí están los muertos, ahí está el río, ahí está la frontera que se ensangrentó, no solamente por el paso de los kaibiles, que eran los militares guatemaltecos entrenados para matar civiles, sino también por los mexicanos que reprimían y asesinaron algunas veces a los migrantes guatemaltecos.

Esas cosas creo que nos han dado una idea de lo que estamos viviendo, hoy es imposible contener la migración, hoy ya no se utiliza el fusil para desterrar a la gente, se utiliza el hambre, se utiliza la violencia de otro tipo, se utiliza esta marginación que ha impuesto un sistema global muy injusto, un capitalismo desbordado y voraz que ha terminado haciendo esto, desterrando a la gente de sus lugares, y aquello que sucedió en Guatemala, creó precisamente eso, la salida de los más pobres, de los campesinos, de los indígenas de sus tierras, esa gente que está ahuyentada por el miedo que dan, si los fusiles, si los soldados, pero también el hambre, pero también la desgracia, también el sufrimiento, era una cuestión que veían todos los días. Hoy todo eso que empezó ahí, es hoy un movimiento mundial, el refugio hoy plantea una nueva forma de vida para todos, no solamente en América Latina, en Europa, en todo el mundo. Entonces yo creo que esas cosas han sido valiosas, han tenido que ver con mi vida profesional como ninguna otra, que podríamos hablar sí de otras cosas que no tienen ese nivel de importancia”.

HE.- ¿Cuál es la relevancia en el periodismo mexicano la creación del ‘unomásuno’?

MAV.- “El principio de un cambio, ‘unomásuno’ empieza una nueva forma de hacer periodismo, ‘unomásuno’ nace de un resentimiento social y de una necesidad inmensa de crear una nueva forma de pensar en el quehacer profesional del periodista. El problema fundamental, el principio tiene que ver desde luego, coincide porque cuando empieza ‘unomásuno’, hay la necesidad de empezar a decir cosas, de dejar de decir por ejemplo que había cuestiones intocables para los periodistas: ‘la virgen de Guadalupe, el Presidente y el Ejército’, eso es intocable, eso no debe tocarse y el periodismo de ‘unomásuno’ era un periodismo irreverente, era un periodismo que quería decir muchas cosas.

“Te puedo decir por ejemplo que a mí me tocó organizar con mis compañeros, a mí se me pidió que organizara con los compañeros el primer gran reportaje sobre la pobreza en México, quiero decirte que me parece que nuestra organización y lo que se dijo en aquel momento -me parece que fueron 16 reportajes muy largos-, no se ha dicho otra vez. Tenemos pedazos de lo que es la pobreza en México, se han arrancados girones de la desgracia del país en miles de reportajes publicados en todas partes, pero éste era el compendio de los lugares más pobres que había en México, los lugares que nos decía COPLAMAR (Coordinación General del Plan Nacional de Zonas Deprimidas) en aquel momento, que era la agencia que podía darnos la información de cuál era la situación de los marginados en México.

“Entonces viajamos a ver los municipios, los pueblos que estaban dentro del parámetro de los más pobres, de los marginados, diríamos que es la gente que vive en pobreza extrema, eso fue un esfuerzo muy grande, y mira, sin embargo, ese no trascendió tanto, no tiene que ver tanto, no pesó en la historia, como creo que han pesado los otros, pero eso era ‘unomásuno’, el principio de ese cambio.

“Por ejemplo, ‘unomásuno’ da a conocer, no por mí, pero por el periódico, da a conocer el rompimiento del PRI, el monolítico PRI se rompe, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, gente así salen de ese partido y se arropan en un agrupamiento de izquierda, ¡cuidado! de izquierda, quiere decir, un agrupamiento de gente que buscaba justicia, no que planteaba un sistema por ejemplo socialista de gobierno, no, estaba buscando primero antes que nada la justicia, entonces ‘unomásuno’ plantea eso. ‘Unomásuno’ empieza a tener dentro de sus filas células comunistas, células trotskistas, entonces era un desarrollo muy interesante y desde luego, un director que se auto-llamaba priista, entonces era un juego de fuerzas muy interesante que planteó, dio pie para que el periodismo empezara a cambiar y que hoy creo que empieza a retroceder otra vez”.

 

HE.- Tu labor en televisión: Canal 11 creo que fue un punto clave en tu trabajo

MAV.- “Había acumulado una serie de experiencias durante muchos años, en ‘unomásuno’, ‘El Universal’, en la ‘Revista Tiempo’ y en ‘La Jornada’ que estaba naciendo en ese entonces. Era un cúmulo de cosas, que de una u otra forma tienes que empezar a tratar de desbordar, que te desbordan, porque tú tratas de ofertar, de ofrecer a la gente que te rodea, entonces para mí Canal 11 fue un momento de transición, el momento del reportero tradicional, para iniciar en otro proyecto, el de la planeación de la información, el de tratar de decirle a los demás cuál era mi experiencia y por dónde trataríamos de hacer que caminara el proyecto de los noticieros de Canal 11 en ese momento. Entonces sí hay un rompimiento para mí ahí, pero más que otra cosa, más que ir a lo que hacía yo en los periódicos escritos, que era el reportaje, no, es el momento de rompimiento, de la idea de tratar de hacer del periodismo otra cosa.

“En este caso de la planeación, que me había dejado como muy satisfecho después del reportaje de la pobreza, hicimos por ahí otro de la migración, pero de la migración México a Estados Unidos y de Estados Unidos a México. Entonces sí, el ‘unomásuno’ es el momento del rompimiento, el momento de empezarme a definir de otra manera, pero la televisión es limitante, tiene códigos que no tiene el periodismo escrito y la otra es que no tienes precisamente como conjugar ideas y eso es muy difícil.

Así como teníamos gente muy valiosa como podía ser Mayté Noriega, estoy tratando de acordarme quién era la gente que conducía, pero había gente como Pedro Ferriz de Con que salía del programa a reclamarme por qué había escrito el guion con la tendencia, pues con la tendencia de mi propia manera de pensar no, por qué estaban las notas orientadas de tal manera. También el monstruoso Nino Canún que me gritaba en la redacción que yo era un columnista, o la bondad de Mayté Noriega, creo que era gente muy valiosa, esta gente como Mayte que se había convertido entonces en una institución para Canal 11.

Entonces sí, es el un momento de rompimiento, es el momento de empezar a hacer otra cosa y hubo un momento en que ya no me regreso, si he vuelto a escribir, a reportear, si he vuelto a hacer lo que aprendí en aquellos años ya no ha sido desde el cubículo de la redacción, ha sido a partir de una posición que me han dado los medios. Entonces no he vuelto a ser reportero ‘de a pie’, como se dice en este negocio”.

HE.- Me acuerdo que uno de los libros que había en la casa, es este libro que hicieron varios periodistas acerca de la Guerra del Golfo, recuerdo que iba más o menos en la preparatoria, lo tomé y leí tu parte. La forma como describes la guerra, la retratas desde la emoción, tu lenguaje al momento de escribir es desde las emociones que se están viviendo en ese momento, como a la niña que tienes que levantar y se muere en tus brazos, como el tener que guardar en la memoria el amor en ese momento de tu familia, o el que te decían: ‘no vayas, no lo hagas’. Platícanos ésta parte como corresponsal de guerra.

MAV.- “El libro lo editó NOTIMEX. Yo decía en un principio que me había metido a la guerra con un par de ‘jeans’ y mucho miedo. El periodismo tiene que tener una dosis importante de miedo, el periodismo no es una profesión de irresponsables, de valientes. El periodismo es una cuestión de responsabilidades muy grandes, regularmente lo que dices es un dardo que va a pegar un algún blanco. Lo que haces entraña una responsabilidad y el enfrentarse a esas responsabilidades produce miedo, yo creo que la mejor manera de cuidarte, de poder aprender las cosas, es precisamente tener una dosis de miedo, no que te paralice, que te permita ser cauto para ciertas cosas y de algunos momentos que combines con la adrenalina para poder dar el salto, que después puede interpretarse como valentía, pero que no es tanto, que actúas mucho, muchísimo en muchas ocasiones impulsado por el ‘no tengo miedo’ aunque te estés pudriendo por dentro para poder hacer ciertas cosas”.

“Entonces, ¿qué fue la Guerra del Golfo? la guerra fue ‘sui géneris’. Yo en El Salvador por ejemplo, tomaba un taxi y le decía: llévame a la guerra y el cuate sabía que me dejaba en la esquina de tal con tal y que la guerra estaba a dos cuadras.

“No era como lo que pasaba por ejemplo en Jerusalén cuando Saddam Hussein tiraba los misiles, que tú empiezas a oír la alarma, muy lejos y muy leve, y conforme avanza el misil, la alarma se vuelve más fuerte, más ruidosa. ¡Cala! y te produce un pavor terrible porque no sabes qué va a pasar, no sabes si el misil te va a caer en la cabeza, va a caer a un kilómetro, va a caer a 100 metros, no tienes idea, solamente oyes la alarma y ves lo que pasa a tu alrededor y entonces de pronto si te quedas ahí, te das cuenta de que las calles quedan como si fueran un escenario de juego de niños, donde los coches están por un lado con las luces prendidas, donde no hay gente, donde parece que lo abandonó alguien que puso coches y cosas sin cuidado, o que cuando empieza a sonar la alarma todo el mundo corre a los refugios y las cosas se quedan como están y las tiendas están abiertas, nadie roba, los coches están prendidos. En fin, son escenarios de crisis muy fuertes.

“A mí no me gustaba entrar a los refugios, volvemos a esta parte del miedo, por ejemplo, había un refugio en el Hotel Hilton, que bajaba uno cuatro o cinco pisos y después entrabas a una especie de bóveda de banco, con una puerta que era precisamente como de bóveda de banco, de esas que das vuelta para que se sellen, y ya adentro escuchabas a los niños llorando, las mujeres queriendo ponerles las mascarillas contra el gas a fuerza, los niños que no querían ponérsela gritaban, los hombres grandes que golpeaban la cabeza contra la pared, los jóvenes que se burlaban de todo, un caos muy humano, pero terrible.

Entonces qué pasaba, yo no quería ver eso, yo entendía que la gente decía, bueno miren en este refugio –sobre todo en los refugios judíos-, había todo para ‘x’ tiempo: agua, comida, lugar donde hacer ejercicio, era un verdadero ‘búnker’. Refugios sensacionales, pero yo decía, ‘y sí de veras cae un misil sobre el hotel, ¿cuándo chingados nos van a encontrar?’, y soportar todos los días todo eso, me voy a volver loco, o me muero de inanición, falta de oxígeno, qué, dentro de seis meses, me vuelvo loco, entonces yo decidí que no volvía a correr a ningún refugio y tomaba yo el teléfono cuando empezaban los bombardeos y empezaba a dictar la información.

“Mis compañeros corresponsales, supusieron que era una acción de valentía, de un profesional audaz, lo que no saben es que me estaba cagando de miedo de meterme a la cosa esa”.

“No, creo que hay una confusión ahí, la idea era ‘si tienes miedo o no tienes miedo’, y ‘sí tienes miedo’ pero no querías estar ahí, la siguiente acción parece una acción de valentía, y no era tanto. Entonces, lo que sucedía, lo que pasaba ahí, para mí era totalmente diferente a las otras guerras, yo había cubierto guerras de guerrillas, había cubierto ese tipo de guerras, pero una guerra así, donde se tiraban misiles, en la que no sabías qué te iba a matar, pues era otra cosa. Tu podías permanecer todo el día inactivo respecto a la guerra como tal, a la guerra caliente, a los enfrentamientos con armamento, pero, aunque hubiera veinte declaraciones, pero en la noche de pronto en quince minutos soltaban una cantidad increíble de misiles y tu ibas como loco persiguiendo para saber dónde habían caído, qué había pasado. En fin, yo creo que fue una guerra muy difícil de cubrir en términos de la experiencia como gente”.

“Independientemente de los datos duros que podrían explicarnos algo de la guerra, yo creía que más que nada era el problema humano el que había que plantearnos en ese trabajo. Eran pueblos con mucho odio, los judíos que preferían y que le dieron incluso máscaras contra los ataques de gas a los perros, podía haber perros con máscaras, pero a los niños palestinos no les daban ni una sola mascarilla, esos odios inmensos. Los relatos de los jóvenes artistas, decían que ellos descontaban de la juventud, que pasaban de la niñez a la juventud en el momento que ingresaban a las cárceles de los judíos, eran relatos terribles, eran formas diferentes de ver la vida. Entonces tiene que ver, pero insisto, independientemente de todo eso y de las consideraciones que se hicieron aquí sobre mi trabajo, creo que lo otro que te platiqué es lo más trascendente”.

HE.- La fundación de La Jornada, tanto en el panorama capitalino, que es una parte que se ve reflejada como Constituyente por el trabajo que desempeñaste ¿cómo fue el salir y crear ‘La Jornada’?, ¿cuál era el planteamiento en ese entonces?

MAV.- “El planteamiento fue que el ‘unomásuno’ se había llenado de corrupción, había empezado a dar un giro en ese momento, ya no creíamos nosotros intelectualmente e ideológicamente, ya no nos podíamos casar con las ideas del director, había un giro que no aceptábamos en aquel momento y entonces sí, nos salimos, la verdad nos salimos a la aventura. Alguien me preguntaba alguna vez, ‘oye y La Jornada ¿cómo que está en problemas económicos?’, sí existen problemas económicos y es muy sencillo: La Jornada nunca se hizo como un negocio, venimos con la idea de hacer un factor de cambio, la misión era de un sistema de comunicación diferente con la gente, a ver, no veníamos a hacer negocio, nadie en aquellos momentos en el 84, nos suponíamos que La Jornada podía ser un negocio o que tenía que servir para mantenernos la vida. Nuestra bronca, nuestra idea era social, nada nada que ver con una cuestión económica, financiera o de negocios, era absolutamente social y tenía entonces la entrega de todos nosotros. Entonces, ¿cómo salimos? así, con la idea de no cambiar, con la idea de trasponer las cosas que habíamos hecho en ‘unomásuno’, que tenía que ver con la idea social a un medio donde pudiéramos hacerlo con todas las libertades y sin pensar que teníamos dictaduras de la militancia de nuestro director, que entre paréntesis, era un genio, era un periodista genio”.

 

HE.- ¿Cómo es el acompañar y el realizar una Constitución desde esta trinchera?        

MAV.- “El paso del Constituyente tiene que ver con dos cosas: una, yo salvo una ocasión, al principio de ‘unomásuno’, nunca he querido o pretendido meterme a concursos de premios de periodismo, de muchas maneras he huido para no meterme en ese asunto que me parece muy injusto. Entonces cuando me llaman para decirme que yo puedo ser Diputado Constituyente, piensan que yo tengo una idea muy clara de lo que es el Distrito Federal y de la problemática que encierra el país y la ciudad, la ciudad a fin de cuentas recoge todos los problemas del país; y éste, éste puesto, me ha permitido a mí conocer algo de la Ciudad de México, el sistema político, su forma de funcionar políticamente, de sus partidos, de su problemática social. Entonces yo les dije cuando llegué ahí, que quedara muy claro y quedaba muy claro que yo no iba a hacer carrera política, que yo era periodista y seguiría siendo periodista, y que estaba ahí para aportar, no para tratar de pasar inadvertido en una cosa tan trascendental como la Constitución de la Ciudad de México. La primera en su vida, y mi iniciativa que tiene que ver con el voto, que tiene que ver con la ciudadanía, que se llama Voto Efectivo, plantea la problemática que tenemos hoy, la compra del voto, la poca importancia que le da en ciertos momentos el ciudadano a su voto, porque los gobernantes no hacen caso del mandato en las urnas, la compra del voto y la idea de renacer como ciudadanos, esto le plantea muchas dudas al legislador”.

“En la Constitución quedó asentado el voto efectivo como parte de la cuestión política de la ciudad, sin embargo, no se quiso hablar más del tema, no lo quieren aceptar las fuerzas políticas, porque tiene que ver con eso, con devolverle al ciudadano la posibilidad de que su voto sea efectivo y si tú dices yo voy a votar por la izquierda, el gobernante vaya por ese camino, no por donde se le dé la gana. Te voy a poner el ejemplo más claro que puede haber y más reciente: Miguel Ángel Mancera fue electo como un candidato de un partido de izquierda y recibió el 64 por ciento de los votos, algo inédito, de los votos que pensaban podría gobernar una gente de izquierda, y el gobernó por la derecha, le importó madre, no le importaba, no tenía ningún compromiso, o parecía que no tenía ningún compromiso con la gente”.

“Entonces yo, lo que hoy digo es, o hacemos una ley que obligue a estos señores metidos en los partidos políticos a hacer las cosas que el pueblo les demanda o luchamos. Entonces fue una iniciativa que mandé yo y que se aprobó por unanimidad, a partir de una propuesta de MORENA. No quiere decir que no me interese la política, que no me interese meterme en los asuntos, quiere decir que no me voy a valer de esto para tratar de impulsarme para agarrarme lugares que creo que por el momento no me pertenecen. Haré algunas cosas, estoy tratando de hacer algunas cosas teóricas que si logro terminar y poner en orden, tal vez puedan significar algún paso dentro de lo político para mi carrera, pero entonces tendré que pensar si sigo metido en una redacción o no”.

 

HE.- Vamos cerrando un poco la entrevista, entonces ¿a qué periodistas respetas, admiras o en cierto momento te inspiraste?

MAV.- “A todos, a la gente que viene y se enfrenta a la realidad y regresa y se pone frente a una computadora en una pantalla en blanco y empieza ahí a poner las ideas que mañana van a estar, que van a significar algo para la gente, tienen todo mi respeto. No creo en los santones. Respeto mucho, a mí me hablan muy mal por ejemplo de Manuel Mejido, de quien hablábamos hace un rato, yo como reportero le tengo todo el respeto. No respeto por ejemplo la labor de Miguel Ángel Granados Chapa, a mí me parece que no, pero tiene miles de admiradores y de gente que lo sigue, yo no, mi historia con él, no me permite respetarlo”.

“Entonces, bueno, yo respeté mucho a Manuel Becerra Acosta; respeto mucho a Carlos Payán; muchísimo a gente que ha venido del Partido Comunista que trabajó en ‘La Jornada’ y en ‘unomásuno’; quiero mucho a Humberto Musacchio; tengo una gran admiración por Pedro Valtierra; leía, devoraba, coincidía, me volvía cómplice de las cosas que escribía Jaime Avilés. En fin, así como tengo una gran admiración por todos los que se sientan en una redacción y tratan de comunicar a la gente, por todos, pero te digo, no creo en los hampones, en los oportunistas, no, es otra cosa, pero sí creo en todos los que estamos aquí todos los días metidos en las redacciones, los que están metidos haciendo periodismo en todas sus formas”.

 

HE.- Ya nos platicaste de tu gran pasión que es el periodismo ¿qué otras pasiones tienes?

MAV.- “La música es mi acompañante y mi cómplice, la música me sirvió para probar qué cosa son los vicios, la música me enseñó que hay que respetarla y no salpicarla de los vicios y de veras, si sientes la música, no tienes por qué exacerbarlo con ninguna otra cosa, la música pura pega tanto como la música envinada, la música es cosa aparte. Por esos caminos anduvimos tu padre y yo muchos años, para tratar de, yo lo veo ahora en retrospectiva, yo creo que para sacar un poco o un mucho del estrés que produce la nota diaria, la música era algo así como la válvula de escape, quitarnos de encima todo el peso de las desgracias que habíamos vivido durante el día, y lo enfrentamos a lo que decía Álvaro Carrillo, María Greever o Agustín Lara, de plantearnos que esa era una mejor realidad de la que acabábamos de vivir, creo que era como la posibilidad de escaparnos, en un mundo que vivíamos y que quizá no entendíamos muy bien pero que estábamos ahí. La música conmigo sigue siendo importantísima en mi vida, yo amanezco con la música, salgo de mi casa con mi hija, la llevo a la escuela y vamos cantando. La música es parte de nosotros, es un ingrediente feliz de la vida”.  

HE.- Creo que la literatura también, por lo que conozco, has sido siempre un gran lector.

MAV.- “La literatura, quizá por error pero hace rato que dejé de leer ficción y he leído mucha teoría o trato de leer. La literatura es un camino muy difícil, debes usar el lugar común, es una ventana a ciertos mundos que no están muy presentes, es la continuidad de vivir sobre tu vida, ¿a qué me refiero?: cuando abres un libro, sobre todo la ficción, empiezas a vivir una vida que no es la tuya, entonces vives otras vidas, y eso es bien, bien interesante. Mi problema fue de pronto que ya no me podía brincar las cosas que me estaban sucediendo en mi entorno, partir de recetas novelescas y entonces tenía que utilizar instrumentos de la teoría para explicarme que sucedía en mi entorno, para poder interpretarme, para poder comunicarlo y eso es un rompimiento fuerte, es un cambio, sin embargo, acaba de salir un libro maravilloso de Margo Glantz que hay que leerlo y yo creo que hay que seguir leyendo muchas cosas”.

“Si alguien supone que la lectura de Nietzsche se queda en Zaratustra, se equivoca rotundamente, si uno entiende a Zaratustra como el retorno constante, empiezas a decir, bueno, esto es otra cosa. Si vas buscando por ejemplo en Joyce, las figuras de la justicia, te encuentras elementos profundos de entendimiento de razones que están ahí en la calle, que tienes que interpretar de alguna manera.

“En fin, yo creo que tener claro, cuando vas a vivir esas otras vidas y te vas a solazar con lo que pasa en esas otras vidas y a disfrutarlo, y a sufrirlo, y otro es el momento en que sabes que debes enfrentarte a lo que hay en tu entorno, y en ese momento comenzar a plantearte cosas diferentes. Yo hace rato que dejé de leer esto que conocemos como literatura, pero sí tengo ganas de seguirlo haciendo, a lo mejor ya estoy muy viejo y ya no quiero vivir ninguna vida de chavo y entonces me inhibo y digo por qué chingaos voy a leer una cosa que ya no, pero yo creo que es fundamental ese vivir otras vidas, te alimenta, un gran alimento a tu espíritu. Entonces, sí, si es una pasión”.

 

HE.- Bien, ¿cuáles son los destinos internacionales?, ¿cuál es tu estado más entrañable?, seguramente ha de ser la capital mexicana, y de la capital ¿qué es lo que visitas?

MAV.- “Mira, el estado que más me significa es Chiapas, por lo que te comenté de los refugiados, porque ahí tuve un contacto grande con ciertas células guerrilleras, que no tenían que ver con Marcos, eran importantísimas. Ahí conocí la selva, ahí conocí la manera de comer, de vivir, totalmente diferente a lo que pasa en los centros urbanos, ¡por Chiapas! mi hija mayor se llama Ixim, tiene que ver con el Chontal.

“A mí me significó mucho Chiapas, pero la Ciudad de México es mi entorno, a alguien le decía alguna vez, alguien que había nacido en la provincia, tú siempre tienes la posibilidad de regresar a tu pueblo, donde te dan de comer, donde eres querido, donde te tratan bien, porque no te han visto, porque te quieren, regresas, recreas tu vida, eso es muy bonito. Los que nacimos en la Ciudad de México, qué hacemos: ¿regresar a la colonia? o ¿al barrio?, no, no tenemos escapatoria, entonces la Ciudad de México se convierte en tu hoyo y tu trampolín, aquí te escondes y aquí te elevas. La Ciudad de México es importantísima para mí por muchísimas razones: porque creó una parte importante de mi vida profesional, ‘Ciudad Perdida’, mi columna, ha sido una parte importantísima de mi desarrollo periodístico y político, entonces, a la capital le debo muchas cosas, estoy entrañablemente comprometido con la capital, pero mi memoria y resignificación desde luego Chiapas, por sobre todo lo demás.

“No estoy tan seguro si dentro de algunos años me dijeran ¿dónde quieres pasar tu vejez? diría yo, en Milán o en París, no iría a España nunca, pero para mí Italia o Argentina, no sé, yo creo que si me dijeran donde quiero pasar mis últimos días, diría aquí, en la Ciudad de México. Quiero entrañablemente a Cuba, entrañablemente, yo sé que no podría vivir ahí pero la quiero entrañablemente, como admiro París o como me siento pleno por muchas cosas en Nueva York y creo que es un pedazo que el mundo le arrebató a los Estados Unidos, para convertirlo en una Babel muy interesante, me encanta, ahora que hablábamos de la música, hay un lugar que seguramente conoces que se llama Blue Note, que es una fuente para el espíritu. Entonces bueno son cosas grandiosas, padrísimas, pero yo no saldría de la ciudad, yo creo que la resistencia, la fuerza, el carisma, la idea del comandante en Cuba fue grandiosa, inigualable, pero yo no viviría en Cuba, yo viviría en la Ciudad de México”.

 

Estimados homoespacieros, les comparto la entrevista en audio que le realicé a Miguel Ángel Velázquez, así como sus medios de contacto y el enlace de su columna “Ciudad Perdida”:

-Apasionados por la comunicación: Miguel Ángel Velázquez. (Entrevista en audio). https://soundcloud.com/glen-magana/apasionados-por-la-comunicacion-miguel-angel-velazquez

-Ciudad Perdida (columna en La Jornada). https://www.jornada.com.mx/2018/06/26/opinion/030o1cap 

-Facebook. https://www.facebook.com/MAVperiodista/?ref=br_rs

-Twitter. https://twitter.com/MAVelazquezPe

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Miércoles, 24 Julio 2019
04:26:51