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Jueves, 19 Septiembre 2019
09:50:06

Jueves santo: hambrientos, miserables, desempleados

El Jueves Santo y la Solidaridad

José Mulligan, S.J* 

Adital 


¿Qué tiene que ver la celebración de Jueves Santo (la Última Cena del Señor Jesús) con los hambrientos, los miserables, los desempleados, y los marginados de la tierra? Todo. Incluso, podríamos decir, citando a San Pablo, la celebración de la eucaristía es inválida si se hace en una comunidad cuyos miembros son responsables de las injusticias que causan hambre y marginación en este mundo.

 

En la segunda lectura de la misa de Jueves Santo (primera carta a los corintios, capítulo 11, versículos 23-26), San Pablo narra lo que dijo Jesús en la Última Cena: “Yo he recibido del Señor lo que a mi vez les he transmitido. El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió diciendo: ‘Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía’. De igual manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: ‘Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía’.

“Fíjense bien,” explicó Pablo: “cada vez que comen de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte del Señor hasta que venga”.

Inmediatamente antes de este pasaje, Pablo había criticado duramente a los corintios porque, en las cenas comunes alrededor de su celebración eucarística, los ricos comían bien y mucho sin compartir igualmente con los pobres de la comunidad. “No los puedo alabar por sus reuniones, pues son más para mal que para bien…. Ustedes, pues, se reúnen, pero ya no es comer la Cena del Señor, pues cada uno empieza sin más a comer su propia comida, y mientras uno pasa hambre, el otro se embriaga.

“¿No tienen sus casas para comer y beber? ¿O es que desprecian a la Iglesia de Dios y quieren avergonzar a los que no tienen nada? ¿Qué les diré? ¿Tendré que aprobarlos? En esto no. (1 Cor 11:17-22)”. Según la Nueva Biblia Española, “en la misma celebración de la eucaristía se subrayaba la diferencia de clases, humillando a los más pobres”.

Refiriéndose a esta falta de compartir en la primitiva iglesia, Juan Pablo II en su encíclica “Ecclesia de Eucharistia” (17 de abril, Jueves Santo, 2003) comentó: “El apóstol Pablo califica como ‘indigno’ de una comunidad cristiana que se participe en la Cena del Señor, si se hace en un contexto de división e indiferencia hacia los pobres (Cf.1 Cor 11, 17.22.27.34)”.

Aquí Juan Pablo II añade una nota de pie de página preciosa, citando textualmente a San Juan Crisóstomo: “¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo encuentres desnudo en los pobres, ni lo honres aquí en el templo con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo que dijo: ‘esto es mi cuerpo’, y con su palabra llevó a realidad lo que decía, afirmó también: ‘Tuve hambre y no me disteis de comer’, y más adelante: ‘Siempre que dejasteis de hacerlo a uno de estos pequeñuelos, a mí en persona lo dejasteis de hacer’ [...].

“¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento, y luego, con lo que te sobre, adornarás la mesa de Cristo” (Homilías sobre el Evangelio de Mateo, 50, 3-4:PG58, 508-509).

En el número 20 de su encíclica, el papa relacionó todo esto a la vida actual: la Eucaristía “da impulso a nuestro camino histórico, poniendo una semilla de viva esperanza en la dedicación cotidiana de cada uno a sus propias tareas. En efecto, aunque la visión cristiana fija su mirada en un ‘cielo nuevo’ y una ‘tierra nueva’ (Ap21, 1), eso no debilita, sino que más bienestimula nuestro sentido de responsabilidad respecto a la tierra presente (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past.Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 39)”.

Enfatizó esto, dijo, “para que los cristianos se sientan más que nunca comprometidos a no descuidar los deberes de su ciudadanía terrenal. Es cometido suyo contribuir con la luz del Evangelio a la edificación de un mundo habitable y plenamente conforme al designio de Dios.

“Muchos son los problemas que oscurecen el horizonte de nuestro tiempo. Baste pensar en la urgencia de trabajar por la paz, de poner premisas sólidas de justicia y solidaridad en las relaciones entre los pueblos, de defender la vida humana desde su concepción hasta su término natural. Y ¿qué decir, además, de las tantas contradicciones de un mundo ‘globalizado’, donde los más débiles, los más pequeños y los más pobres parecen tener bien poco que esperar? En este mundo es donde tiene que brillar la esperanza cristiana”.

Vuelve Juan Pablo II a la Eucaristía: “También por eso el Señor ha querido quedarse con nosotros en la Eucaristía, grabando en esta presencia sacrificial y convival la promesa de una humanidad renovada por su amor. Es significativo que el Evangelio de Juan, allí donde los Sinópticos [Mateo, Marcos, y Lucas] narran la institución de la Eucaristía, propone, ilustrando así su sentido profundo, el relato del ‘lavatorio de los pies’, en el cual Jesús se hace maestro de comunión y servicio (cf.Jn13, 1-20)”.

Este texto de San Juan al que se refiere el papa y que es la lectura del evangelio para el Jueves Santo de 2013, describe como Jesús, poco antes de su ejecución por ser profeta, se puso a lavar los pies de los discípulos: “Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de salir de este mundo para ir al Padre, como había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el extremo…. Se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. Echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de los discípulos y luego se los secaba con la toalla que se había atado….

“Cuando terminó de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a la mesa y les dijo: ‘¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, siendo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado ejemplo, y ustedes deben hacer como he hecho yo’”.

Un poco después Jesús les dio “un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros” (13:34-35).

Los verdaderos discípulos son los que siguen el ejemplo de Jesús de servicio y solidaridad humilde. En la primitiva iglesia, en las cenas relacionadas con sus celebraciones eucarísticas, debían compartir igualmente la comida.

Este espíritu de compartir caracterizaba también la vida familiar y comunitaria de la iglesia: “La multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba como propios sus bienes, sino que todo lo tenían en común. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder, y aquél era para todos un tiempo de gracia excepcional.

“Entre ellos ninguno sufría necesidad, pues los que poseían campos o casas los vendían, traían el dinero y lo depositaban a los pies de los apóstoles, que lo repartían según las necesidades de cada uno” (Hechos 4:32-35).

El Cardenal Jorge Bergoglio, actualmente el Papa Francisco, cuando era presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, criticó la injusta distribución de los recursos de la tierra, diciendo en una conferencia el 30 de septiembre de 2009: “Los derechos humanos, como dicen los obispos de Latinoamérica en el documento de Santo Domingo [IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano – Santo Domingo, 1992], se violan no sólo por el terrorismo, la represión, los asesinatos, sino también por la existencia de condiciones de extrema pobreza y de estructuras económicas injustas que originan las grandes desigualdades”.

Dos años antes había tocado el mismo tema: “Vivimos en la zona más desigual del mundo…”, dijo Bergoglio durante una reunión de obispos latinoamericanos en 2007.”La distribución injusta de los bienes continúa, creando una situación de pecado social que clama al cielo y limita las posibilidades de una vida más plena para tantos de nuestros hermanos”.

Hoy debemos luchar por un mundo en que se compartan los recursos para el bien de todos(as). Esto fue el mensaje profético del Padre Héctor Gallegos, desaparecido en Panamá en 1971: “Cuando hablamos de comunidades de cambio, nos enfrentamos con la situación actual de nuestro mundo que es esencialmente individualista. El capitalismo es intrínsecamente individualista. Por eso la comunidad de cambio tiene que luchar contra el individualismo y hacerse comunitaria”.

Así que la celebración de Jueves Santo debe impulsarnos, luchando junto con los hambrientos, los miserables, los desempleados, y los marginados de la tierra, a crear una sociedad más justa.

*Jesuita estadounidense, trabaja desde 1986 con las CEBs de Nicaragua

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Jueves, 19 Septiembre 2019
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