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Todos son lo mismo

Yo Campesino

Miguel A. Rocha Valencia

Algo pasa. Pareciera que la desconfianza en los gobiernos y en los políticos se volvió estructural.

 

Tal vez por ello, por más que se esfuerzan en decirnos una verdad, no la creemos y el respetable siente que le mienten en todos sentidos. Ya no sólo se trata de lo económico.

Por eso cuando hablan de inversiones se remite a la idea de que “algo” turbio pasa, que alguien se beneficia con ello y que otros más aprovechan para tomar su parte, ya sea en el otorgamiento de alguna concesión que da lugar a disposición de capitales, nacionales o extranjeros. Porque para el dinero y la corrupción.

Lo mismo sucede en cualquier informe de funcionarios, desde la presunta entrega de apoyos a los desposeídos que el anuncio de una nueva obra, alguna ya realizada o el reporte sobre inseguridad en el país.

Igual ocurre con las promesas de campaña donde los políticos recurren a las mismas frases y ofertas. El pensamiento de la sociedad es que si buscan el poder es para enriquecerse con él o por lo menos protegerse de la ley por actos ilegales.

El fenómeno de incredulidad o desconfianza se da hacia todos, incluyendo los mesías que creen tener tierra fértil en momentos críticos como el actual. Tampoco ellos cuentan con un bono positivo de parte de la sociedad. Por el contrario se le evidencia en su ambición de poder y todos se preguntan ¿De qué vive? ¿De dónde saca para campañas? y la más aguda cuestión ¿Por qué lo solapa la autoridad y le otorga privilegios de manera ilegal?

Es decir nadie de la llamada clase política tiene cara de honradez frente a la sociedad y frente a un proceso electoral en que irían a las urnas 85 millones de mexicanos, pero se calcula que sólo acudirán entre 36 y 40 millones, de los cuales, ocho, serán votos nulos.

Será un proceso, según los analistas, donde el rechazo a los políticos será más evidente, no sólo por el abstencionismo que los propios políticos justifican diciendo que se da en todos lados, sino porque en la papeleta, gran parte de los mexicanos dirán no a cualquiera de los candidatos sin importar nombre o color de partido.

“Todos son lo mismo”, es la expresión que recogen las encuestas, nadie escapa al juicio popular y ya hasta instituciones que se consideraban honestas por ser dizque ciudadanizadas, perdieron su credibilidad. Instituto Nacional Electoral y todos los que de él derivan, están cuestionados lo mismo quienes aspiran a ocupar alguno de los mil 179 cargos que estarán en juego el próximo siete de julio, incluyendo las nueve gubernaturas y los 500 diputados federales.

Revertir esa opinión está en “chino” y quien intenta desde cualquier tribuna decir que algo bueno de la clase política, se hace cómplice, especialmente si lo hace desde algún medio de comunicación “ya lo centavearon”. No hay salida.

Sólo quienes originaron el fenómeno podrían cambiar la idea, pero para eso tendrían qué gobernar para el pueblo y eso, no lo podrán hacer porque en el actual esquema, los cargos de elección son del partido, del grupo, la tribu o la cofradía. Quienes los asumen, no representan a la sociedad.

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