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Martes, 26 Mayo 2020
17:31:40

Por qué engañaron a los priístas

Mensaje Político

  • En 1989 le gritaron “traidor” a Colosio
  • ¿Beltrones sabía que el PRI perdería?

Alejandro Lelo de Larrea

Cuando en 1989 el PRI le entregó al PAN la gubernatura de Baja California, la estrategia de comunicación no les funcionó, pues dirigentes de diversas organizaciones priístas se negaban a aceptar la derrota, en la sede estatal del tricolor gritaron "¡Colosio traidor!, ¡Colosio traidor!”, llamaron “empanizado” a su presidente estatal, Eduardo Martínez Palomera, y algunos hasta amenazaron con “levantarse en armas”.

 

Acaso por esta experiencia, y la que vivieron 11 años después cuando el entonces primer mandatario Ernesto Zedillo le entregó la Presidencia de la República al PAN, es que para los comicios del domingo pasado, el líder nacional del PRI, César Camacho Quiroz, cambió la estrategia política y de comunicación.

En 1989, el entonces líder del PRI nacional, Luis Donaldo Colosio Murrieta no estuvo presente en Baja California durante la jornada electoral. La noche de la elección sólo cantaron el triunfo priísta la propia candidata Margarita Ortega Villa y el líder estatal Martínez Palomera.

Fue dos días después, a las 21:43 horas del martes 4 de julio de 1989, cuando Colosio, en la sede nacional del PRI y como fondo la fotografía oficial del presidente Carlos Salinas de Gortari, aceptó que su candidata perdió: “Debemos reconocer que esta tendencia de los resultados en la gubernatura favorecen al candidato del Partido Acción Nacional”.

Esta derrota de Margarita Ortega resultaba inverosímil para los militantes del PRI, porque habían ganado las diputaciones en 12 de los 15 distritos electorales, así como 3 de las cinco alcaldías, por cierto las más pobladas de la entidad: Mexicali, Tijuana y Tecate. “¿Cómo es que con estos triunfos perdimos la gubernatura?”, se preguntaban atónitos.

El escenario en Baja California se complicó en aquel 1989, pues además de los gritos de traidor a Colosio, destacados priístas de la entidad advertían que no dejarían el poder y hasta amedrentaron con “levantarse en armas”. Nombres: Daniel Ribera Araujo, líder de la CROC; Filemón Montoya, líder de los maestros; José María Núñez Suazo, de la FSTSE, y varias dirigentes femeniles encabezadas por Martha Palacios y Casimira Villagrán. (Revista Proceso, 10 de julio de 1989, edición 662).

Acaso por ello, en este 2013 la estrategia política y comunicación fue distinta: había que asegurarse que el PAN ganara la gubernatura para que prevalezca el Pacto por México, pero al mismo tiempo evitar cualquier rebelión de líderes priístas locales, así como acusaciones de “traidor” contra el líder nacional del PRI, César Camacho Quiroz y el candidato a gobernador, Fernando Castro Trenti.

Como parte de la estrategia, Camacho Quiroz se apersonó en la entidad, para enviar el claro mensaje de que si el líder nacional estaba por allá, es que había la certeza de que se ganaría la gubernatura y no se repetiría la “concertacesión” de 1989.

A esta presencia, se sumó la de los coordinadores parlamentarios del PRI, así como la de otros destacados legisladores federales, y el apoyo público de Jorge Hank Rhon.

Viejas prácticas

Una de las trapacerías electorales en la que más comúnmente incurren los priístas al cierre de las casillas (perredistas y panistas no están exentos), es la operación electoral de modificación e incluso falsificación de actas donde prevén su derrota, con lo que al final terminan ampliando la ventaja o incluso le dan la vuelta al resultado.

Ampliamente conocidas estas prácticas, por eso en el año 2000 el gobierno de Ernesto Zedillo, con encuestas preelectorales controladas por Ulises Beltrán desde la Presidencia de la República, hizo creer a los priístas que ganarían la Presidencia, para con ello darles confianza y frenar un operativo desesperado de fraude electoral el día de la elección.

Como parte de la estrategia el día de las elecciones, también desde Los Pinos se promovió la difusión de encuestas de salida y conteos rápidos que daban a amplia ventaja a Vicente Fox. Se reforzó el mensaje cuando a las 11 de la noche el presidente del IFE, José Woldenberg, anunció oficialmente la “tendencia irreversible” a favor de Fox.

Finalmente, se cerró toda posibilidad de fraude cuando minutos después de Woldenberg, el propio presidente Zedillo aceptó la derrota de su partido y felicitó a Fox.

En este 2013, César Camacho acaso también le generó confianza a los priístas de la entidad no sólo al apersonarse, sino cuando inmediato después del cierre de casillas electorales le levantó el brazo al candidato de su partido, Fernando Castro Trenti, y lanzó un llamado a panistas y perredistas a que reconocieran la derrota de Francisco Kiko Vega.

Por supuesto, esta postura pública de Camacho Quiroz y Castro Trenti abatió el riesgo de un operativo desesperado de fraude electoral posterior al cierre de las casillas. Pero también se evitó toda sospecha de “traición”, como con Colosio, pues al final sólo reconocerán el resultado de las autoridades electorales.

Un hecho refuerza lo anterior: el diputado Manlio Fabio Beltrones, padrino político de Castro Trenti, no estuvo presente al momento que anunciaron el supuesto triunfo del priísta. Político muy bien informado y cuidadoso de su imagen pública, Beltrones no iba a correr el riesgo de hacer el ridículo de levantarle el brazo a un candidato que a la postre sería el perdedor.

Así, sin duda en las próximas horas estaremos viendo cómo el cómputo electoral favorece a Francisco Kiko Vega, quien al final de cuentas será el próximo gobernador de Baja California, aun cuando el PRI impugne la elección, que muy probablemente lo hará para que no pese sobre sus dirigentes sospecha alguna.

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