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La Costumbre del Poder

*Quienes hoy gobiernan y también los que se aprestan a formar gobierno, se niegan a ver lo que sucede en su entorno, están asustados y en periodo de negación, porque olfatean los síntomas de decadencia, acelerada por la corrupción, pero insisten en mantener el temple y en autoafirmarse haciendo que el pasado se convierta en presente sin solución

 

Gregorio Ortega Molina

 

Escribió Octavio Paz sobre los fenómenos históricos, contribuyó a su comprensión con su hipótesis de la cuenta larga y la cuenta corta, porque los sucesos que transforman a un país o modifican una civilización, establecen sus propios tiempos, un ritmo determinado por su cultura y su economía.

En cuanto a la decadencia de esos estados civilizatorios, ocurrió y sucede lo mismo que con la que afecta a las personas: se pasa por un periodo de negación, y sólo se acepta cuando los síntomas dejaron atrás el tiempo del anuncio para manifestarse en malestar. Se trasciende la no credibilidad de lo que ocurre, cuando el desenlace es inevitable, por más que pospongan la impartición de los santos óleos.

     Edward Gibbon y Arnold J. Toynbee narran con detalle los procesos de pudrición de culturas y civilizaciones. Lo que ocurrió en lo que ellos investigaron era ajeno a la concepción que hoy tenemos del tiempo real, a la profusión informativa que modifica el desarrollo y fin de los acontecimientos políticos y sociales, y establece un ritmo constante, incontenible e innegable a los cambios ideológicos, culturales e informativos de lo que nos atañe. Todavía hace unas décadas el presente podía posponerse hasta la hora de la edición vespertina, hasta el noticiero nocturno. Hoy está en las redes, es “wasapeado” y se refleja en “Instagram” aunque no queramos verlo.

     Quienes hoy gobiernan y también los que se aprestan a formar gobierno, se niegan a ver lo que sucede en su entorno, están asustados y en periodo de negación, porque olfatean los síntomas de decadencia, acelerada por la corrupción, pero insisten en mantener el temple y en autoafirmarse haciendo que el pasado se convierta en presente sin solución, y éste no devenga futuro sino hasta que ellos lo determinen, de acuerdo a unas reglas del juego totalmente ajenas a lo que es el tiempo real.

     Debido a los efectos de la revolución cibernética, a la desaparición casi total de la intimidad, a la presencia real del Gran Hermano, los que hoy vivimos en una sociedad comunicada en exceso, aceptamos que la velocidad con la cual se podían implementar reformas y transformaciones, se acelerara sin gobernanza, pues si bien desde los controles cibernéticos puede prevenirse un 1929, no pueden contener el hambre, la violencia, el desempleo, la ineficacia en las instituciones de procuración y administración de justicia. En términos médicos, puede prevenirse y contenerse el infarto, pero es imposible detener la decadencia y la muerte.

     Dar a los mexicanos otra oportunidad de contar con un proyecto de nación, con la idea de patria y la noción de identidad, requiere que quienes gobiernan se decidan a oficiar las exequias de lo que no funciona por decadente, y alumbrar la posibilidad de crear un nuevo mundo, que de todas maneras no llegará el primero de julio.

www.gregorioortega.blog

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