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Martes, 17 Septiembre 2019
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¡En esta esquina..!

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Perfiles Políticos  

Francisco J. Siller 

El juego de las vencidas al interior de Morena comenzó. El cambio de mesa directiva en el Senado de la República provocó ya un encontronazo entre dos facciones de poder en el movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador. Choque que se da aún cuando éste no ha logrado la consolidación real como partido político.

 

De hecho, este enfrentamiento, es el inicio de la lucha intestina por el poder con vista a las elecciones intermedias y la estampida para la sucesión presidencial del 2024. Y falta sumar un nuevo conflicto que se dará con la renovación de la directiva de Morena. Yeidckol Polenvsky busca manipular la elección interna. 

Martí Batres y Ricardo Monreal buscan demostrar en el Senado, quien de ellos tiene más poder y arrastre y al final cuál obtendrá el apoyo de López Obrador. El primero pretende continuar en la presidencia de la Cámara Alta, el otro quiere frenarlo y promueve a la tabasqueña Mónica Fernández Balboa para liderar el segundo periodo de sesiones. 

El 13 de julio, en su primer informe de labores al frente de la directiva del Senado Batres afirmó su pretensión de continuar “otro año y muchos más” al frente de la mesa directiva. Desde luego, que esa declaración no cayó bien. Monreal comenzó a tejer fino para impedir la reelección de éste.  

Y lo logró el lunes anterior en una reunión de la fracción de Morena en la que se votó si habría o no reelección de la presidencia. Desde luego Batres descalifica los resultados de la votación entre senadores argumentando que Monreal permitió de última hora la participación de los ocho senadores del PES –partido sin registro– y no invitó a los del PT.

Sin embargo, debe ser el pleno el que avale en sesión extraordinaria a la nueva directiva por mayoría calificada. Contenderán de seguro los dos candidatos: Batres y Fernández. ¿A quien apoyará la oposición senatorial? El actual presidente parece no ser del gusto de la mayoría. De eso Monreal se ocupará, a menos que López Obrador meta las manos.

No digo quien tiene la razón, lo criticable en este caso es la intención de romper las formas y uso de costumbres. Batres, surgido de las filas del Partido Comunista Mexicano pretende mantener “hasta que pueda” la presidencia senatorial. No dejarla en manos ni de algún miembro de su partido.

Tras la propuesta de Dolores Padierna de no compartir la presidencia de la Cámara de Diputados con los partidos de la oposición, se da el reflejo en el Senado. Los morenistas son mayoría y pueden hacerlo, pueden atropellar a la oposición como por tantas décadas lo hizo la “aplanadora” priísta. Esa es la óptica democrática de la 4T.

Morena está en peligro de seguir los pasos del PRD, de crear cotos de poder –tal cual lo hizo con sus facciones y tribus– que le restaron posibilidades reales de crecimiento político. Cada cual “para su santo”, para buscar el poder por el poder mismo, sin tomar en cuenta que la unidad interna es lo único que debe importar.

Y un camino similar es que sigue para la próxima elección de la Directiva de Morena para la que suenan nombre como Berta Luján –amiga cercana de AMLO y madre de la secretaria del Trabajo María Luisa Alcalde Luján–, Mario Delgado y Alejandro Rojas. Desde luego habrá que incluir a Yeidckol Polenvsky, quien pretende la reelección.

A Morena debería preocuparle más que sus luchas internas por el poder –porque aún no es tiempo– el consolidarse como partido político con toda la forma, porque lo que viene en materia electoral. Aún no tienen garantía de un triunfo arrollador, como ocurrió el 1 de julio de 2018.

Los resultados electorales del año pasado sorprendieron a la oposición. 30 millones de votos a favor de López Obrador cambiaron el panorama político de México. Sin embargo, hay otros 50 millones de electores que deben ser conquistados y que podrían dar un vuelco al proyecto López Obradorista, si son bien aprovechados.

Los partidos tienen que preparar candidatos para casi la totalidad de los ayuntamientos del país –excepto Durango e Hidalgo–, la Cámara de Diputados y las gubernaturas de Colima Guerrero, Michoacán, Querétaro, Sinaloa, San Luis Potosí, Nayarit, Campeche, Sonora, Zacatecas, Baja California Sur, Chihuahua, Tlaxcala.

En ese entorno los de Morena deben tomar en cuenta que su progenitor, Andrés Manuel López Obrador no estará en las boletas electorales. La mayoría de sus candidatos ganaron elecciones por ese simple detalle. Las elecciones de 2021 serán entonces la “prueba de fuego” a la que se someterá este movimiento y su nueva dirigencia.

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