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Viernes, 14 Diciembre 2018
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El ama de llaves indocumentada que tendía la cama de Trump

El ama de llaves indocumentada que tendía la cama de Trump

 

Debido al “sobresaliente” apoyo que ha brindado durante las visitas de Trump, Morales recibió en julio un certificado de la agencia de comunicaciones de la Casa Blanca con su nombre inscrito en el documento.

Todo un logro para un ama de llaves migrante sin papeles.

El recorrido de Morales desde cultivar maíz en Guatemala hasta arreglar las almohadas en un club de golf exclusivo la llevó desde la frontera suroeste, donde ella dijo que cruzó de manera ilegal en 1999, al área de los caballos de Nueva Jersey, donde fue contratada en la propiedad de Trump en 2013 con documentos que eran falsos, según ha indicado.

Morales dijo que no era la única trabajadora en el club que estaba en el país de manera ilegal.

Sandra Díaz, de 46 años, quien nació en Costa Rica y ahora es una residente legal en Estados Unidos, dijo que ella tampoco tenía papeles cuando trabajó en Bedminster entre 2010 y 2013. Las dos mujeres dijeron que trabajaron durante años como parte de un grupo de empleados de limpieza, mantenimiento y paisajismo en el club de golf que incluía un número de trabajadores indocumentados, aunque no pueden decir exactamente cuántos. No hay evidencia de que Trump o ejecutivos de Trump Organization supieran de su estatus migratorio. Sin embargo, por lo menos dos supervisores en el club estaban al tanto de ello, dijeron las mujeres, y tomaron medidas para ayudar a los trabajadores a no ser detectados y conservar sus empleos.

“Hay muchas personas sin papeles”, dijo Díaz, quien asegura haber presenciado la contratación de varias personas que ella sabía que no tenían papeles.

Trump ha convertido la seguridad fronteriza y la lucha para proteger los empleos de los estadounidenses en la piedra angular de su presidencia, desde su promesa de construir un muro fronterizo hasta las redadas en los sitios de trabajo y las auditorías de nómina que su gobierno ha realizado.

Durante la campaña presidencial, cuando el Trump International Hotel abrió sus puertas en Washington, Trump se jactó de haber utilizado un sistema de verificación electrónica, E-Verify, para garantizar que solo se contratara a las personas con papeles legales para trabajar.

“No tenemos ni un inmigrante ilegal en la empresa”, dijo Trump en ese momento.

Sin embargo, durante la campaña y el gobierno del presidente, Morales, de 45 años, se ha reportado a trabajar en el club de golf de Trump en Bedminster, en donde ella aún está en la nómina. La mujer y un grupo de otros trabajadores son llevados en auto por un empleado del club cada día, afirma ella, porque saben que no pueden obtener legalmente licencias de conducir.

Una mujer pequeña, con solo dos años de educación y que llegó a Estados Unidos sin hablar inglés, Morales tiene un acceso inusual a uno de los retiros favoritos de Trump: ha limpiado la villa del presidente mientras él veía televisión; Morales estaba cerca cuando miembros potenciales del gabinete fueron llevados para entrevistas y cuando el jefe de personal de la Casa Blanca, John Kelly, llegó para conversar con el presidente.

“Nunca imaginé, como una inmigrante de la zona rural de Guatemala, que vería a personas tan importantes tan cerca”, dijo ella.

No obstante, Morales dice que se siente herida por los comentarios en público de Trump desde que se convirtió en presidente, incluido el de comparar a los migrantes latinoamericanos con criminales violentos. Fue eso, mencionó, junto a los comentarios abusivos de parte de un supervisor en el trabajo sobre su inteligencia y estatus migratorio, que la hicieron sentir que ya no podía quedarse callada.

“Estamos cansadas del abuso, los insultos, la forma en la que habla sobre nosotros cuando él sabe que estamos aquí ayudándole a hacer dinero”, aseguró Morales. “Nos esforzamos para atender cada una de sus necesidades y tenemos que aguantar sus humillaciones”.

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Sandra Díaz dijo que no tenía documentos cuando trabajó en el club de golf desde 2010 hasta 2013. CreditChristopher Gregory para The New York Times

Morales y Díaz se acercaron a The New York Times a través de su abogado de Nueva Jersey, Aníbal Romero, quien las representa en asuntos migratorios. Morales dijo que ella entendía que podía ser despedida o deportada como resultado de divulgar esta información, aunque ha solicitado protección conforme a las leyes de asilo. Morales también analiza presentar una demanda por abuso laboral y discriminación.

En entrevistas en español, por separado, que duraron varias horas, Morales y Díaz brindaron relatos detallados de su trabajo en el club y de sus interacciones con la administración, incluido Trump. Ambas mujeres describieron al presidente como exigente pero amable, y que a veces les daba grandes propinas.

Aunque a menudo no tenían claro las fechas precisas en que ocurrieron los eventos, parecían recordar sucesos clave y conversaciones con precisión.

Morales ha tenido tratos con Trump desde hace muchos años; su esposo confirmó que en ocasiones ella llegaba feliz a casa porque el propietario del club le había hecho un elogio o le había dado una propina de 50 dólares, a veces de 100 dólares.

Para comprobar que de verdad era empleada del club de golf de Trump, The New York Times revisó los recibos de pago y los formatos de impuestos de Morales, los cuales señalan al club de golf como su empleador. Ella también presentó su identificación individual como contribuyente, un número de nueve dígitos emitido por el Servicio de Impuestos Internos a los extranjeros para permitirles declarar impuestos sin ser residentes permanentes de Estados Unidos. Tener un número no confiere permiso para trabajar.

El Times también examinó los documentos que Morales presentó como prueba de que tenía permiso para trabajar —una green card y una tarjeta de seguridad social, las cuales dijo que compró a alguien en Nueva Jersey que elabora documentos falsos para inmigrantes—. Buscamos el supuesto número de seguridad social de Morales en varias bases de datos de registros públicos y ninguno arrojó un resultado, lo que es a menudo un indicador de que el número no es válido. El número en el reverso de la green card que Morales tiene registrada en el club de golf no corresponde con el formato de números usado en la mayoría de las tarjetas de residencia legítimas. Por ejemplo, incluye iniciales que no son iguales a las de cualquier centro de servicio migratorio que emiten las green cards.

Díaz entregó documentos similares, aunque como ella ahora cuenta con la residencia legal le fue entregada una tarjeta de seguridad social genuina y una green card.

The Trump Organization, la propietaria del club de golf, no realizó comentarios específicos sobre Morales o Díaz. “Tenemos decenas de miles de empleados en todas nuestras propiedades y tenemos prácticas de contratación muy estrictas”, dijo Amanda Miller, la vicepresidenta sénior de Mercadotecnia y Comunicaciones Corporativas de la compañía, mediante un comunicado. “Si un empleado entregó documentación falsa en un intento de violar la ley, será despedido de inmediato”.

La Casa Blanca declinó hacer comentarios.

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Trump inauguró el club de golf en 2004 y ha pasado unos setenta días en Bedminster, ya sea una parte o la jornada entera, desde que asumió el cargo.CreditChristopher Gregory para The New York Times

Que Morales haya podido conseguir un empleo con lo que ella afirma eran documentos falsos no es sorprendente: un estimado de ocho millones de migrantes no autorizados son parte de la fuerza laboral estadounidense, y es un secreto a voces que muchos negocios, especialmente en el sector de servicio, los contratan.

Trump tiene un largo historial de depender de los migrantes en su club de golf y hoteles. A pesar de que en 2017 firmó una orden ejecutiva de “Compra estadounidense, contrata estadounidense” que hacía más estrictas las visas para los trabajadores extranjeros, sus compañías han contratado a cientos de extranjeros mediante visas de trabajador invitado.

Al contratar a trabajadores que ya se encuentran en Estados Unidos, se requiere que los empleadores examinen los documentos de identidad y autorización de trabajo y que los registren en un formato de elegibilidad de empleo. Sin embargo, no se requiere que las compañías, en la mayoría de los casos, tomen medidas adicionales para verificar la autenticidad de los documentos. Debido a que falsificar estas identificaciones es tan sencillo, E-Verify —cuyo uso es obligatorio en veintidós estados— es ese paso adicional de verificarlas contra registros guardados por la Administración de Seguridad Social y el Departamento de Seguridad Interna.

La lista federal publicada en línea de empleadores que usan el sistema E-Verify incluye al club de golf de Trump en Carolina del Norte, un estado en el que es obligatorio, pero el club de Bedminster de Nueva Jersey, donde no lo es, no aparece en la lista.

Durante su campaña, el presidente estadounidense exhortó a expandir el programa a lugares de trabajo en todo el país. Hasta ahora, eso no ha ocurrido.

Trump inauguró su club en el opulento vecindario del condado de Somerset, Nueva Jersey, en 2004. Después de comprar la propiedad de 200 hectáreas a un grupo de inversionistas en 2002, Trump plantó árboles de arce en la entrada y construyó dos campos de golf de dieciocho hoyos; su diseño fue inspirado por los jardines del Palacio de Versalles. La primera cuota de la membresía es superior a los 100.000 dólares.

La propiedad tiene de cuarenta a ochenta empleados; la plantilla depende de la temporada. En la mayoría de los casos, los trabajadores de los servicios básicos son nacidos en el extranjero. Los migrantes mantienen las áreas verdes regadas y arregladas; limpian y dan mantenimiento a las casas de campo y suites que rodean la piscina climatizada.

El presidente estadounidense ha pasado unos setenta días en Bedminster, ya sea la jornada completa o parte de ella, desde que asumió el cargo. Posee una residencia de dos pisos en la propiedad; su hija Ivanka y su esposo, Jared Kushner, se casaron en el club en 2009, y también tienen una casa de campo.

El trabajo en Bedminster, en el que Morales gana 13 dólares la hora, es uno de varios que ella dice que ha tenido desde que llegó a Estados Unidos en 1999, cuando cruzó sin ser detectada hacia California después de un viaje de seis semanas en autobús y a pie.

Después de que llegó a Los Ángeles, un contacto le brindó un número de seguridad social falso y una identificación que le dijeron le permitiría conseguir un empleo. Entonces voló a Nueva Jersey, donde se encontró con su esposo, quien había llegado unos meses antes.

A principios de 2013, un amigo que trabajaba en el club de golf de Trump le dijo que la administración estaba buscando amas de llaves.

Morales estaba entusiasmada: el salario sería de 10 dólares la hora, mayor a los 8,25 dólares que estaba ganando al limpiar habitaciones en un hotel.

De acuerdo con Morales, cuando llegó a la entrevista, la supervisora de amas de llaves le mostró el lugar y le solicitó que demostrara sus conocimientos para desempeñar el trabajo. La supervisora le pidió que se reportara para trabajar a la mañana siguiente a las 6:00, con sus documentos.

Morales dijo que le comentó que no tenía documentos legales de trabajo. “Le dije: ‘No tengo papeles legales’. Ella me dijo que llevara los que usé en el hotel”, recordó Morales.

Para el momento en el que Morales fue contratada, Díaz había estado trabajando en el club desde 2010 y tenía la tarea de limpiar la residencia de Trump.

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Chocolates M&M’s que fueron repartidos durante una de las visitas del presidente Trump al club de golfChristopher Gregory para The New York TimesCuando Trump visitó el club de golf, le pdieron a Morales que portara un pin con una bandera estadounidense con el logo del Servicio Secreto.Christopher Gregory para The New York Times

Díaz dice que lavó y planchó los calzones blancos, camisetas de golf y pantalones de color verde olivo de Trump, así como sus sábanas y toallas. Todo lo perteneciente a Trump; su esposa, Melania, y su hijo, Barron, era lavado aparte con detergente especial en una lavadora más pequeña, dijo.

“Es extremadamente meticuloso acerca de todo. Si llega repentinamente, todos corren como locos”, porque Trump inspecciona todo en detalle, dijo Díaz.

Recordó un momento angustiante en 2012, cuando Trump se acercó a ella y le pidió que lo siguiera a la casa club, una mansión georgiana renovada de la década de los treinta, donde él pasó sus dedos por los bordes de los marcos en las paredes y sobre las superficies de las mesas para comprobar si había polvo.

“Realmente hiciste un gran trabajo”, dijo Díaz que el ahora presidente le comentó, y le dio un billete de 100 dólares. Ese mismo año, afirmó Díaz, Trump tuvo un arranque de ira por unas manchas naranjas en el cuello de su camiseta blanca de golf, que Díaz describió como remanentes de su maquillaje, que ella tuvo dificultades para eliminar.

Cuando Morales se unió al equipo de amas de llaves en 2013, Díaz estuvo a cargo de entrenarla y comenzó a llevarla para limpiar la casa de Trump. En noviembre de ese año, cuando Díaz renunció, Morales y la supervisora de amas de llaves asumieron el trabajo de limpiar juntas la casa.

Morales dijo que nunca olvidará el día en que Trump llegó a la tienda de profesionales en su carrito mientras ella lavaba sus grandes ventanas en arco. Al notar que Morales, quien mide alrededor de 1,50 metros, no podía alcanzar la parte superior, dijo: “Disculpe”, tomó su trapo y lo pasó por la parte superior del vidrio.

Trump le preguntó a Morales su nombre y de dónde era originaria, recuerda ella. “Yo dije: ‘Soy de Guatemala’. Él dijo: ‘Los guatemaltecos son personas muy trabajadoras’”. El presidente le entregó un billete de 50 dólares. “Me dije a mí misma: ‘Dios lo bendiga’. Yo pensé que era una buena persona”, recordó Morales.

Poco después, Trump lanzó su campaña a la presidencia, en junio de 2015, recordó Morales; uno de los gerentes la llamó para decirle que ya no podía continuar trabajando dentro de la casa de Trump.

Dijo que por aquella época a varios trabajadores —que ella mencionó que también trabajan sin documentos— les recortaron las jornadas laborales de cinco días a la semana a tres. “Los trabajadores se apanicaron. Muchas personas simplemente se fueron”, aseguró.

Dos meses después de la toma de posesión de Trump, en marzo de 2017, Morales dijo que ella y otros trabajadores recibieron un nuevo manual de empleados.

En una sección titulada “Cumplimiento migratorio”, el manual menciona que se requiere que los empleados presenten documentos especificados por el gobierno federal. “Aquellos que se descubra que han falsificado información no serán elegibles para un empleo”, indica el manual.

Morales dijo que le dieron un nuevo formato para firmar. Ella no podía entender el formato, afirmó, pero Romero, su abogado, mencionó que es probable que fuera un documento de elegibilidad de empleo actualizado —un formato que, como el previo, hace referencia a sus documentos falsificados—.

En algún momento del año pasado, dijo, uno de los gerentes le comentó que debería conseguir una nueva tarjeta de residencia y una nueva identificación de seguridad social porque había problemas con sus identificaciones actuales.

Morales ofreció un relato detallado de lo que ocurrió, pero no fue posible confirmar de manera independiente lo ocurrido. Según sus recuerdos, ella le mencionó al gerente que no sabía cómo obtener nuevos documentos falsos.

“No sé dónde conseguirlos”, afirma que le dijo.

Según ella, el gerente le sugirió que hablara con un empleado de mantenimiento que sabía dónde adquirir nuevos documentos. Cuando el empleado de mantenimiento le dijo que los nuevos papeles costarían 165 dólares, Morales le comentó al gerente que no tenía el dinero. “Me dijo: ‘No te preocupes. Te prestaré el dinero’“, mencionó.

Morales agregó que el empleado de mantenimiento la llevó en auto a una casa en Plainfield, Nueva Jersey, donde ella esperó en el vehículo mientras él se reunía con alguien en el interior. Morales dijo que no recordaba la dirección ni tenía registros del lugar.

Al día siguiente, recordó, el trabajador de mantenimiento le llevó una nueva tarjeta de seguridad social y una green card que parecía auténtica para remplazar a la otra que había “expirado”. Morales mencionó que el gerente hizo copias de los documentos para los archivos que se mantienen en la oficina administrativa del club.

Ya que Trump era presidente había más entusiasmo cuando llegaba. A Morales todavía le pedían que limpiara la residencia de Trump en algunas ocasiones, y tenía que portar un pin del servicio secreto cuando el presidente estaba en el lugar, dijo, muy probablemente para identificarla como una empleada.

A medida que los meses pasaron, Morales y otros empleados en el club de golf se molestaron cada vez más por los comentarios de Trump, que ellos sentían que degradaban a los migrantes de México y Centroamérica. El tono del presidente parecía dar valor a otros para hacer comentarios negativos, dijo Morales. La supervisora de amas de llaves frecuentemente hacía comentarios sobre el estatus legal vulnerable de los empleados cuando criticaba su labor, aseguró ella, a veces los llamaba “inmigrantes ilegales estúpidos” y que tenían menos inteligencia que un perro.

Morales sabe que tendrá que dejar su trabajo en cuanto su nombre y su condición laboral se hagan públicos. Ella entiende que podría ser deportada, pero también dice que está segura de que sus empleadores —tal vez incluso Trump— sabían de su estatus ilegal desde el principio.

“Me pregunto a mí misma: ‘¿Es posible que este señor piense que tenemos papeles? Él sabe que no hablamos inglés’”, dijo Morales. “¿Por qué no lo averiguaría?”.

 
 
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Viernes, 14 Diciembre 2018
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